domingo, 22 de mayo de 2011
Un Universo inmenso creado por Dios
PREGUNTA DEL PAPA
La experiencia que estáis viviendo en este momento es extraordinaria y muy importante, aunque tengáis que regresar a la Tierra como el resto de todos nosotros. Cuando regresaréis, seréis sumamente admirados y tratados como héroes que hablan y actúan con autoridad. Os pedirán que habléis de vuestras experiencias. ¿Cuáles serán los mensajes más importantes que queréis compartir -en particular a los jóvenes- que vivirán en un mundo decididamente influenciado por vuestras experiencias y descubrimientos?
--Mike Finchke (Estados Unidos): Santidad, como han dicho mis colegas, podemos mirar hacia abajo y contemplar nuestro precioso planeta Tierra que Dios ha creado, y es el planeta más hermoso de todo el Sistema Solar. De todos modos, si miramos para arriba, podemos ver el resto del universo, y el resto del Universo está ahí fuera para que lo exploremos. Y la Estación Espacial Internacional no es más que un símbolo, un ejemplo de lo que los seres humanos pueden hacer cuando trabajamos juntos constructivamente. Por tanto nuestro mensaje, uno de nuestros muchos mensajes, aunque creo que uno de los más importantes mensajes, es dejar que los niños del planeta, los jóvenes, sepan que existe todo un universo para nosotros que hay que explorar. Y cuando lo hacemos juntos, no hay nada que no podamos lograr.
Un hermoso y frágil oasis en el universo
PREGUNTA DEL PAPA
Uno de los temas que abordo con frecuencia en mis discursos es el la responsabilidad que todos tenemos ante el futuro de nuestro planeta. Recuerdo los serios riesgos que afronta el ambiente y la supervivencia de las futuras generaciones. Los científicos nos dicen que debemos tener cuidado y que desde el punto de vista ético tenemos que educar nuestras conciencias. Desde vuestro extraordinario observatorio, ¿cómo veis la situación en la tierra? ¿Veis signos o fenómenos por los que tenemos que prestar más atención?
--Ron Garan (Estados Unidos): Santidad, es un gran honor conversar con usted y usted tiene razón: desde aquí contamos realmente con un extraordinario observatorio. Por una parte, podemos ver cómo es inenarrablemente bello el planeta que se nos ha dado; pero, por otro lado, podemos ver con claridad lo frágil que es. Basta pensar en la atmósfera, por ejemplo, vista desde el espacio, la atmósfera es tan fina como una hoja de papel, y pensar que esta cobertura delgada como el papel es todo lo que separa a todo ser viviente del vacío del espacio, todo lo que nos protege, es realmente un pensamiento serio. Para nosotros es increíble ver la Tierra suspendida en la oscuridad del espacio y pensar que todos estamos juntos en esto, cabalgando este hermoso y frágil oasis del universo. Nos llena de enorme alegría pensar que todos los que estamos abordo de esta increíble estación orbital, que fue construida por muchas naciones de nuestra alianza internacional, hemos alcanzado este enorme logro en órbita. Usted comprenderá que esto muestra cómo trabajando juntos y con cooperación podemos superar muchos de los problemas que afrontamos en nuestro planeta, podemos resolver muchos de los desafíos que afrontan los habitantes de nuestro planeta. Es realmente un maravilloso lugar para vivir y trabajar, y es un maravilloso mirador de nuestra bella Tierra.
La voz del Papa llega al espacio
--Benedicto XVI: Queridos astronautas: estoy muy contento de tener esta oportunidad extraordinaria para conversar con vosotros durante vuestra misión. Me siento sumamente agradecido al poder hablar de este modo con todos vosotros, dado que los miembros de ambas tripulaciones están presentes en la estación espacial en este momento. La humanidad experimenta un período de progreso sumamente rápido en el campo del conocimiento científico y de las aplicaciones técnicas. En cierto sentido, vosotros sois nuestros representantes, pues encabezáis la exploración de la humanidad de nuevos espacios y posibilidades para nuestro futuro, superando las limitaciones de nuestra vida cotidiana. Todos admiramos vuestra valentía, así como la disciplina y el compromiso con el que os habéis preparado para esta misión. Estamos convencidos de que os inspiran nobles ideales y de que buscáis poner los resultados de vuestra investigación y logros a disposición de toda la humanidad al servicio del bien común. Esta conversación me da la oportunidad de expresaros mi propia admiración y aprecio a vosotros y a todos los que colaboran para hacer que vuestra misión sea posible, y para manifestaros mi aliento de todo corazón para que la concluyáis con seguridad y éxito. Pero esto es una conversación, de modo que yo no debo ser el único que habla. Tengo curiosidad por escuchar lo que queréis decir sobre vuestras experiencias y reflexiones. Si os parece bien, quisiera proponeros algunas preguntas.
PREGUNTA DEL PAPA
Desde la estación espacial, vosotros tenéis una visión muy diferente de la Tierra. Sobrevoláis diferentes continentes y varias naciones al día. Creo que debe de ser obvio para vosotros que todos vivimos en una única Tierra y cómo es absurdo el que nos peleemos y matemos entre nosotros. Sé que la esposa de Mark Kelly ha sido víctima de un serio ataque y espero que su salud siga mejorándose. Cuando uno contempla la tierra desde arriba, ¿os habéis preguntado cómo viven aquí abajo las naciones y las personas o cómo la ciencia puede contribuir a la causa de la paz?
--Mark Kelly (Estados Unidos): Gracias por sus amables palabras, Santidad, y gracias por haberse acordado de mi mujer, Gabby. Es una pregunta muy buena: sobrevolamos casi todo el mundo y no puedes ver las fronteras, pero al mismo tiempo nos damos cuenta de que la gente se pelea y hay mucha violencia en este mundo y esto es verdaderamente una desgracia. En general, la gente se pelea por muchas razones. Como hemos visto ahora en Oriente Medio, en ocasiones es por democracia en ciertas áreas, pero en general la gente se pelea por los recursos. Esto es interesante desde el espacio. En la tierra la gente se pelea por la energía; en el espacio utilizamos la energía solar y en la estación espacial tenemos pilas de combustible. La ciencia y la tecnología que hemos aplicado en la estación espacial para desarrollar la energía solar nos da prácticamente una cantidad ilimitada de energía. Y si algunas de estas tecnologías pudieran adaptarse más a la Tierra, quizá podríamos reducir en algo esa violencia.
sábado, 21 de mayo de 2011
Oración de los navegantes de Colón
"Bendita sea la luz / y la Santa Veracruz / y el Señor de la Verdad y la Santa Trinidad. / Bendita sea el alba / y el Señor que nos la manda. / Bendito sea el día / y el Señor que nos lo envía”.
lunes, 2 de mayo de 2011
Vita brevis
Ernesto Sábato
Quiero ser luz y quedarme
En el artículo de Juan Cruz citado en la anterior entrada encuentro esta reflexión sobre Sábato:
Se me está haciendo la noche
en la mitad de la tarde,
no quiero volverme sombra,
quiero ser luz y quedarme".
Amar la vida a regañadientes
"Era un hombre triste; tanto que parecía que esa era su naturaleza... Se hizo tan mayor su tristeza que convirtió su cuerpo, su memoria y su deseo en pura melancolía. (Pero) hubo un filamento en él, siempre, de alegría recóndita, secreta, la que lo hacía amar la vida a regañadientes..."
Y aludiendo a la animadversión de Borges hacia Sábato añade:
"Hay un libro en el que ambos se enzarzan a hablar de la literatura, de Dios y del diablo, y aunque no se quisieron nunca del todo, ahí se ve que en ambos hay una pregunta que acaso es el sustento de la inquietud común: ¿para qué tanto lío si hemos de morir y de esto no quedará ni siquiera un verso sencillo?"
La nostalgia del pasado, la ilusión del futuro
"Pese al sufrimiento que le depara, ¿dónde está la raíz de ese impulso que lo lleva a escribir?
-Quizás una de las raíces metafísicas del arte sea esa necesidad que tiene el hombre de rescatar un amor, una niñez, una ilusión del inexorable transcurso. Proust intenta en toda su obra eternizar el pasado, convirtiéndolo en presente definitivo; el melancólico pasado que alguna vez fue futuro, es decir, ilusión.
Escribir, ¿no sería siempre la reafirmación de una esperanza? Si no, ¿para qué hacerlo?
-Creo que ya le cité a Nietzsche: un pesimista es un idealista resentido. Si modificamos levemente el aforismo, diciendo que es un idealista desilusionado, de ahí podríamos pasar a sostener que es un hombre que no termina nunca de desilusionarse".
Extracto de Ernesto Sabato. Entre la letra y la sangre. Conversaciones con Carlos Catania. Seix Barral, 1989.Para qué hemos vivido y aguantado
"Escribo esto para los que, como yo, se acercan a la muerte, y se preguntan por qué y para qué hemos vivido y aguantado...".
Ernesto Sábato
De soledad a soledad
"Cualquier gran obra literaria nace de una soledad desgarradora y aguarda una soledad similar que la reciba".
Ernesto Sábato
sábado, 30 de abril de 2011
Manos invisibles
LAS FUENTES Y LAS MANOS
Nos sostienen palabras pronunciadas
en tiempos muy antiguos
y siguen siendo pronunciadas con gran temor
de que nada sea cambiado en ellas.
¿Tan sólo eso?
Existen invisibles
Manos que nos ayudan
a remar en la barca.
cuya historia, a pesar de los embates, sigue su camino.
¿Es que basta sumergirse en la fuente
sin buscar
las Manos invisibles".
Karol Wojtyla
Poema de Juan Pablo II a la Madre
EL ESPACIO QUE PERMANECE EN TI
que tu Hijo, tu único Hijo ocupa,
mis ideas se ajustan a su forma,
pero quedan vacíos los ojos
y cuelgan de sus labios las palabras de siempre,
las mismas tras las que se ocultaba
cuando deseaba quedarse entre nosotros.
contengan el espacio mejor que la mirada?
¿Mejor que la memoria y el corazón?
Tu Hijo tiene sabor a pan,
en los pensamientos, en la mirada, en el recuerdo,
o, tal vez en el pan?
Se ha perdido entre tus brazos, con la cabecita
apoyada en tu hombro,
que, cuando con dedos temblorosos partía el pan
para ofrecerlo a la Madre,
me he quedado un momento atónito,
al ver toda la verdad en una lágrima que asomaba
Karol Wojtyla
domingo, 27 de marzo de 2011
Con qué llenar el abismo infinito
"Una vez hubo en el hombre una verdadera felicidad de la que ahora le queda sólo la marca y la huella vacía que en vano intenta llenar con todo lo que le rodea, buscando en las cosas ausentes la ayuda que no obtiene de las cosas presentes. Pero no encuentra nada apropiado, porque el abismo infinito sólo puede llenarse con un objeto infinito e inmutable, es decir, sólo con Dios mismo".
Blaise Pascal, Pensées.
Nos contentamos con demasiado poco
"Si hoy le preguntáramos a veinte hombres buenos cuál piensan que es la mayor de las virtudes, diecinueve de ellos respondería: la ausencia de egoísmo. Pero si le preguntáramos a casi cualquiera de los grandes cristianos de la antigüedad, respondería que es el amor. ¿Veis lo que ha pasado? Un término negativo se sustituye por otro positivo, y esto no sólo es de importancia filológica. El ideal negativo del altruismo no lleva consigo en primer lugar la idea de preocuparse por el bien de los demás, sino la de no buscar el nuestro propio, como si nuestra abstinencia y no su felicidad fuese lo importante. Yo no creo que sea ésta la virtud cristiana del amor. El Nuevo Testamento habla mucho de negarse a sí mismo, pero no como si el negarse a sí mismo fuera un fin en sí. Se nos dice que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos nuestra cruz cada día con el fin de poder seguir a Cristo; y casi todas las descripciones de lo que encontraremos finalmente si lo hacemos suponen un buen estímulo.
Si en las mentes modernas se esconde la idea de que desear nuestro propio bien y anhelar de todo corazón disfrutar de él es algo malo, propongo que esta idea procede de Kant y de los estoicos, y que no es parte de la fe cristiana. De hecho, si consideramos las atrevidas promesas de recompensa y la naturaleza asombrosa de ésta en los Evangelios parece que nuestro Señor no piensa que nuestros deseos son demasiado intensos, sino demasiado débiles. Somos criaturas indiferentes que jugamos con la bebida, el sexo y la ambición cuando se nos ofrece un gozo infinito, como un niño ignorante que quiere continuar haciendo flanes de barro en un tugurio porque no es capaz de imaginarse lo que significa pasar unas vacaciones junto al mar. Nos contentamos con demasiado poco".
C. S. Lewis, The Weight of Glory and Other Addresses, Eerdmans 1965, pp. 1-2.
Todos los hombres buscan la felicidad
"Todos los hombres buscan la felicidad. No hay excepciones. Aunque empleen métodos diferentes, todos pretenden el mismo fin. La causa de que unos vayan a la guerra y otros la eviten es el mismo deseo en ambos visto de diferente manera. La voluntad nunca da paso alguno que no vaya encaminado hacia este objetivo. esto es lo que motiva cada acción de cada ser humano, aun de aquellos que se ahorcan".
Blaise Pascal, Pensées, 425.
domingo, 27 de febrero de 2011
El cristianismo está empezando
"Solo personas de corto entendimiento pueden imaginar que el cristianismo ha llegado a su plenitud. El hecho es que el cristianismo está apenas dando sus primeros tímidos pasos en la historia de la raza humana. Muchas de las palabras de Cristo permanecen aún oscuras. La historia del cristianismo apenas está empezando. Lo que se ha hecho en el pasado, lo que nosotros llamamos historia, es sólo una serie de ensayos".
Alexander Men
lunes, 7 de febrero de 2011
Orar: del 'yo' al 'nosotros'
"La oración, por un lado, debe ser muy personal, un unirme en lo más profundo a Dios. Debe ser mi lucha con Él, mi búsqueda de Él, mi gratitud por Él y mi alegría en Él.
Y sin embargo, no es nunca un mero asunto privado de mi 'yo' individual desvinculado de los otros. Rezar es esencialmente también un rezar en el 'nosotros' de los hijos de Dios. Únicamente en este 'nosotros' somos hijos de nuestro Padre, al que el Señor no ha enseñado a rezar. Sólo este 'nosotros' nos abre el acceso al Padre.
Por un lado nuestra oración debe volverse cada vez más personal, tocando y penetrando más profundamente el núcleo de nuestro 'yo'. Por otro, debe nutrirse siempre de la comunión de los orantes, en la unidad del Cuerpo de Cristo, para plasmarnos verdaderamente a partir del amor de Dios.
De este modo, rezar -en última instancia- no es una actividad entre otras, no es sólo una determinada parte de mi tiempo. Rezar es la respuesta al imperativo que encontramos al principio del Canon de la celebración eucarística: 'Sursum corda', ¡levantemos el corazón! Es el ascender de mi existencia a la altura de Dios. En san Gregorio Magno encontramos una hermosa palabra al respecto. Él recuerda que Jesús llama a Juan Bautista 'lámpara que arde y resplandece' (Jn 5, 35) y continúa: 'ardiente por el deseo celeste, resplandeciente por la palabra. Por tanto, para que se conserve la veracidad del anuncio, debe conservarse la altura de la vida' (Hom. in Ez. 1, 11, 7). La altura, la medida alta de la vida, que hoy es más necesaria que nunca para dar testimonio de Jesucristo, la podemos alcanzar sólo si en la oración nos dejamos atraer continuamente por Él hacia su altura".
Benedicto XVI, 5 febrero 2011
La verdadera tristeza y la verdadera pobreza
"Este es el trabajo por la mies en el campo de Dios, en el campo de la historia humana: llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarles de la pobreza de la verdad, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del hombre.
Llevarles el alegre anuncio que no es sólo palabra, sino acontecimiento: Dios, Él mismo, ha venido a nosotros. Él nos toma de la mano, nos lleva hacia lo alto, hacia sí mismo y de este modo el corazón destrozado recobra la salud".
Benedicto XVI, 5 febrero 2011
martes, 1 de febrero de 2011
La música después de Babel
"Queridos amigos, he hablado en alemán porque los músicos y la mayor parte de los presentes son alemanes. Lamentablemente, después de los sucesos de la torre de Babel las lenguas nos separan, crean barreras. Pero en esta hora hemos visto y oído que existe una parte intacta del mundo, incluso después de la torre y la soberbia de Babel, y es la música: el lenguaje que todos podemos entender, porque toca el corazón de todos nosotros.
Esto nos da la garantía no sólo de que la bondad y la belleza de la creación de Dios no se han destruido, sino que estamos llamados y somos capaces de trabajar por el bien y la belleza, y son también una promesa de que llegará el mundo futuro, de que Dios vence, de que la belleza y la bondad vencen.
Por este consuelo en nuestro trabajo cotidiano os damos las gracias a vosotros, músicos. Gracias a todos vosotros".
Benedicto XVI, 2 agosto 2009
martes, 25 de enero de 2011
El Infinito detrás de las notas
“Vittorio Gui, el famoso fundador del Maggio Musicale de Florencia, cuando tenía noventa años me dijo: Muti, qué lástima estar tan cerca de la muerte justo ahora que estaba aprendiendo a dirigir.
Dirigir no es sólo marcar los tiempos, sino tomar de las almas de los músicos la música, los sentimientos... Los sentimientos, no las notas. Las notas son la expresión concreta de los sentimientos. Y esto es lo que hace que dirigir sea la profesión más difícil del mundo, porque nosotros tenemos una idea que tiene que ser expresada a través de los brazos y luego debe viajar a través de los instrumentos, que son tocados por los dedos o la boca de los músicos, y luego llegar hasta el público. Es un camino muy largo.
Marcar los tiempos es muy fácil. Cualquiera puede hacerlo. Cualquiera. Hacer música es muy difícil. Bien, todos en esta sala se están preguntando: ¿Entonces, cuál cree usted que es su posición, en qué parte está? Yo creo estar en la mitad del camino. Y estoy seguro de que nunca llegaré a la otra orilla del río, porque detrás de las notas habita el Infinito, esto es, Dios. Y nosotros somos demasiado pequeños frente a Dios”.
Riccardo Muti
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domingo, 23 de enero de 2011
Contemplando el cielo
“Dios ha alzado al hombre del suelo y lo ha colocado en posición erecta, derecho, de modo que contemplando el cielo pudiese tener noción de los dioses. Los hombres no son habitantes de la tierra, sino en cierto sentido espectadores desde la tierra de las realidades superiores y celestes, cuya contemplación no pertenece a ninguna otra especie de seres vivos".
Cicerón, De natura deorum.
lunes, 22 de noviembre de 2010
La auténtica mayoría en la Iglesia
"Una comisión, que da un parecer sobre la doctrina de la Iglesia, no debe en ningún caso representar la mayoría de los pareceres dominantes, sino la exigencia interior de la fe. La verdad no se decide por mayorías; el principio democrático termina frente a la cuestión de la verdad.
En la Iglesia, además, no cuenta sólo la sociedad actualmente presente. En ella los muertos no están muertos, porque en cuanto comunión de los santos va más allá de los confines del tiempo presente. El pasado no es pasado y el futuro, justamente por esto, es ya presente. Dicho con otras palabras: en la Iglesia no puede darse ninguna mayoría contra los santos, contra los grandes testigos de la fe que caracterizan toda la historia. Ellos pertenecen siempre al presente, y su voz no puede ser considerada minoritaria.
La responsabilidad ante la continuidad de la doctrina eclesial tenía, por eso, para Pablo VI una importancia mayor que una comisión de sesenta miembros, cuyo voto debía ciertamente tenerse en consideración, pero que no podía constituir la última instancia frente al peso de la tradición".
Joseph Ratzinger, 1995
La fe y el verdadero progreso
"La fe no es nunca una fórmula congelada del pasado, sino que representa siempre el verdadero progreso. Pues la fe va al encuentro de Cristo, que no es sólo el Alfa, sino también la Omega de la historia. Las obras de Cristo no van hacia atrás, sino hacia delante, dijo una vez San Buenaventura. La fe es siempre la auténtica novedad y tiene algo que decir en cada momento histórico; en cada época sabe hablar en su lengua. El milagro de Pentecostés no implica sólo la posibilidad sincrónica de las diversas lenguas y culturas de un periodo, sino también el milagro diacrónico, la fuerza de hablar en las lenguas de cualquier presente y futuro. Pero en tal desarrollo viviente permanece siempre la única fe en el único Señor".
Joseph Ratzinger, 1995
El trabajo a gusto
"Mal asunto cuando una ocupación se arrastra como trabajo forzado; compadezco a aquel que lo cumple por obligación... Una de las cosas más bellas de la vida es el trabajo a gusto".
Antonio Gaudí
martes, 16 de noviembre de 2010
De la idea a la obra
"Un impulso, una fuerza debe acompañar toda idea para convertirla en obra".
Antonio Gaudí
La fuerza de Gaudí no era sólo su creatividad, sino la fe.
Espíritu y materia
"El espíritu domina la materia".
Antonio Gaudí
lunes, 15 de noviembre de 2010
Los tres grandes libros de Gaudí
"En este recinto Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia".
Homilía en la Sagrada Familia, 7 noviembre 2010.
Un canto a varias voces
"Se ha hablado justamente de una sinfonía de la Palabra, de una única Palabra que se expresa de diversos modos: un canto a varias voces.
...Si bien es cierto que en el centro de la revelación divina está el evento de Cristo, hay que reconocer también que la misma creación, el liber naturae, forma parte esencialmente de esta sinfonía a varias voces en que se expresa el único Verbo.
De modo semejante, confesamos que Dios ha comunicado su Palabra en la historia de la salvación, ha dejado oír su voz; con la potencia de su Espíritu, habló por los profetas.
La Palabra divina, por tanto, se expresa a lo largo de toda la historia de la salvación, y llega a su plenitud en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios.
Además, la palabra predicada por los apóstoles, obedeciendo al mandato de Jesús resucitado: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Mc 16,15), es Palabra de Dios.
Por tanto, la Palabra de Dios se transmite en la Tradición viva de la Iglesia".
Exhortación postsinodal Verbum Domini, 7
Dios habla y responde a nuestras cuestiones
"... redescubrir algo que corremos el peligro de dar por descontado en la vida cotidiana: el hecho de que Dios hable y responda a nuestras cuestiones".
Exhortación postsinodal Verbum Domini, 4
La prioridad más grande
"No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante (cf. Jn 10,10)".
Exhortación postsinodal Verbum Domini, 2.
lunes, 11 de octubre de 2010
El poeta canta por todos
"Un único corazón te recorre, un único latido sube a tus ojos,
poderosamente invade tu cuerpo, levanta tu pecho,
te hace agitar las manos cuando ahora avanzas.
Y si te yergues un instante, si un instante levantas la voz,
yo sé bien lo que cantas.
Eso que desde todos los oscuros cuerpos casi infinitos
se ha unido y relampagueado,
que a través de cuerpos y almas se liberta de pronto en tu grito,
es la voz de los que te llevan, la voz verdadera y alzada
donde tú puedes escucharte, donde tú, con asombro, te reconoces.
La voz que por tu garganta, desde todos los corazones esparcidos,
se alza limpiamente en el aire.
Y para todos los oídos. Sí. Mírales cómo te oyen.
Se están escuchando a sí mismos.
Están escuchando una única voz que los canta. (...)
Y en la cumbre, con su grandeza, están todos ya cantando.
Y es tu voz la que les expresa. Tu voz colectiva y alzada.
Y un cielo de poderío, completamente existente,
hace ahora con majestad el eco entero del hombre".
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 65-67.
Búscate en los otros
"No es bueno quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere
calcáreamente imitar a la roca. (...)
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate en los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos. (...)
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!"
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 55-58.
domingo, 10 de octubre de 2010
El último amor
"Amor mío, amor mío.
Y la palabra suena en el vacío. Y se está solo.
Y acaba de irse aquella que nos quería. Acaba de salir.
Acabamos de oír cerrarse la puerta.
Todavía nuestros brazos están tendidos. Y la voz
se queja en la garganta.
Amor mío...
Cállate, vuelve sobre tus pasos. Cierra despacio
la puerta, si es que no quedó bien cerrada.
Regrésate.
Siéntate ahí, y descansa.
No, no oigas el ruido de la calle. No vuelve.
No puede volver.
Se ha marchado, y estás solo.
No levantes los ojos para mirarlo todo,
como si en todo aún estuviera.
Se está haciendo de noche.
Apóyate. Descansa.
Te envuelve dulcemente la oscuridad,
y lentamente te borra.
Todavía respiras. Duerme.
Duerme si puedes. Duerme poquito a poco,
deshaciéndote, desliéndote en la noche
que poco a poco te anega.
¿No oyes? No, ya no oyes. El puro
silencio eres tú, oh dormido, oh abandonado,
oh solitario.
¡Oh si yo pudiera hacer
que nunca más despertases!
Las palabras del abandono. Las de la amargura.
Yo mismo, sí, yo y no otro.
Yo las oí. Sonaban como las demás.
Daban el mismo sonido.
Las decían los mismos labios, que hacían el mismo movimiento.
Pero no se las podía oír igual. Porque significan:
las palabras significan.
Ay, si las palabras fuesen sólo un suave sonido,
y cerrando los ojos se las pudiese escuchar en el sueño...
Yo las oí. Y su sonido final fue
como el de una llave que se cierra.
Como un portazo.
Las oí, y quedé mudo.
Y oí los pasos que se alejaron.
Volví, y me senté.
Silenciosamente cerré la puerta yo mismo.
Sin ruido. Y me senté. Sin sollozo.
Sereno, mientras la noche empezaba.
La noche larga. Y apoyé mi cabeza en mi mano.
Y dije...
Pero no dije nada. Moví mis labios.
Suavemente, suavísimamente.
Y dibujé todavía
el último gesto, ese
que yo ya nunca repetiría.
Porque era el último amor. ¿No lo sabes?
Era el último. Duérmete. Calla.
Era el último amor...
Y es de noche".
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 39-43.
Delicada frontera
"Cuán delicadamente beso despacio, despacísimo,
secretamente en tu piel
la delicada frontera que de mí te separa.
Piel preciosa, tibia, presentemente dulce,
invisiblemente cerrada...
... te siendo del otro lado, inasible, imposible, rehusada,
detrás de tu frontera preciosa, de tu mágica piel inviolable,
separada de mí por tu superficie delicada..."
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 17-18.
El triste hueso que rehusa el amor
"Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta
su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso
insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca
el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso. (...)
Por eso, cuando acaricio tu mano, sé que sólo el hueso rehusa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehusa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea..."
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 13-15.
Historia del corazón
"Hermoso es el reino del amor,
pero triste es también. (...)
Nació el amante para la dicha,
para la eterna propagación del amor,
que de su corazón se expande
para verterse sin término
en el puro corazón de la amada entregada.
Pero la realidad de la vida,
la solicitación de las diarias horas,
la misma nube lejana, los sueños, el corto vuelo
inspirado del juvenil corazón que él ama,
todo conspira contra la perduración sin descanso
de la llama imposible. (...)
El amante sabe que pasa,
que el amor mismo pasa... (...)
Por eso el amante sabe
que su amada le ama
una hora, mientras otra hora sus ojos
leves discurren
en la nube falaz que pasa y se aleja. (...)
Y el amante la mira
con el infinito amor de lo que se sabe instantáneo.
Dulce es, acaso más dulce, más tristísimamente dulce,
verla en los brazos
en su efímera entrega.
Tuyo soy -dice el cuerpo armonioso-,
pero sólo un instante.
Mañana,
ahora mismo,
despierto de este beso y contemplo
el país, este río, esa rama, aquel pájaro...
Y el amante la mira
infinitamente pesaroso... (...)
Siempre leve, siempre aquí, siempre allí; siempre.
Como el vilano".
Vicente Aleixandre, Historia del corazón, Espasa-Calpe, Madrid 1954, 3ª ed., pp. 9-12.
domingo, 1 de agosto de 2010
Un Misterio que nos aferra en lo más hondo
"Querido monseñor Giussani, quisiera participar en la celebración de su 80 cumpleaños con mis felicitaciones. Y lo hago diciéndole sencillamente 'gracias' por lo que usted ha dado a la música, mostrándola a tantos jóvenes como la experiencia que en mayor medida nos comunica el Misterio, como camino para la búsqueda de la felicidad.
Es un Misterio que no tiene necesidad de palabras, que nos aferra en lo más hondo. ¿De dónde viene? En mí queda esta pregunta, y se la confío a usted, al tiempo que comparto con usted estos versos de Dante, tomados del canto XIV del Paraíso, que han marcado mi vida:
Y cual arpa y laúd, con tantas cuerdas
afinadas, resuenan dulcemente
aun para quien las notas no distingue,
tal de las luces que allí aparecieron
a aquella cruz un canto se adhería,
que arrebatome, aun no entendiendo el himno.
Suyo, con afecto".
Riccardo Muti
Los síntomas y las causas
"Una de las enfermedades de nuestra civilización es que vemos los síntomas sin ver las causas".
D. Barenboim
sábado, 17 de julio de 2010
Un centro en el que convergen todas las líneas
"Así pues, Cristo es todo en todos, él que asume todo según su fuerza infinita y comunica a todos su bondad. Es como un centro en el que convergen todas las líneas. Y sucede que las criaturas del Dios único ya no sean más extrañas y enemigas unas de otras, por falta de un lugar común en el que puedan manifestar su amistad y su paz".
Máximo el Confesor, Mystagogia, I.
viernes, 16 de julio de 2010
Lo uno y lo otro (sobre la preferencia)
"Esta indecisión a que me invita el par de torres bárbaras que ahora veo coronar el municipio seguntino es muy de mi sabor. Vivimos entre antítesis: la religión se opone a la ciencia, la virtud al placer, la sensibilidad fina y estudiada al buen vivir espontáneo, la idea a la mujer, el arte al pensamiento... Alguien, al ponernos sobre el planeta, ha tenido el propósito de que sea nuestro corazón una máquina de preferir. Nos pasamos la vida eligiendo entre lo uno o lo otro. ¡Un penoso destino! ¡Prolongada, insistente tragedia! Sí, tragedia: porque preferir supone reconocer ambos términos sometidos a elección como bienes, como valores positivos. Y aunque elijamos lo que nos parece mejor, siempre dejamos en nuestra apetencia un hueco que debió llenarse con aquel otro bien pospuesto.
Ahora bien, las gentes suelen mostrarse demasiado presurosas en decidirse por lo mejor; olvidan que cada acto de preferencia abre, a la vez, una oquedad en nuestra alma. No no prefiramos; mejor dicho, prefiramos no preferir. No renunciemos de buen ánimo a gozar de lo uno y de lo otro: Religión y ciencia, virtud y placer, cielo y tierra... Cierto que hasta ahora no se han resuelto las antítesis; pero cada hombre debe pensar que es él el llamado a resolverlas.
La catedral de Sigüenza, toda oliveña y rosa a la hora de amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, un bajel secular que llega bogando hacia mí, trayéndome esta sugestión castiza en el viril de su tabernáculo...
La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada".
José Ortega y Gasset, Paisajes, Cegal 1983, p. 12-13.
Sí, el espíritu humano lo quiere todo, no desea renunciar a nada, a nada que sea hermoso, bueno, verdadero. Porque llevamos en nosotros la huella del Eterno, el sello de la Plenitud divina. En eso Ortega tiene razón, en eso ve bien. Yo quiero lo uno y lo otro. El cielo y la tierra. Esto es profundamente católico. Pero para ello -y en esto discrepo de Ortega- es necesario aprender a preferir, es decir, a reconocer lo más bello, lo más verdadero, lo mejor, y a anteponerlo, dándole espacio, dedicándole tiempo. Porque preferir no es renunciar (aunque a veces sea necesario aceptar la apariencia de renuncia, el sacrificio de una cierta distancia), sino amar, eligiendo -somos libres, siempre libres- lo que más corresponde, lo que más nos hace crecer. Quererlo todo sin aceptar un orden, una jerarquía, es condenarse al capricho, a la glotonería indiscriminada, a la saturación que a la postre hace perder el apetito. La preferencia es lo que nos hace poder amarlo todo, cada cosa en su orden, en su significado verdadero y en su relación con nuestro destino.
Amar el silencio es renunciar, en este momento, a la conversación, o al negocio humano. Amar a la mujer es renunciar, para siempre, al donjuanismo, al narcisismo. Amar la verdad es preferirla incluso más que a uno mismo, pues sólo así se alcanza sin engaños. Pero tiene razón Ortega en que las antítesis están llamadas a resolverse: la razón y la fe, la libertad y la gracia, lo humano y lo divino, el cuerpo y el alma. El cristianismo no es antitético, es -en todo caso- paradójico, pues afirma que para salvar la razón hace falta la fe, que para salvar la libertad hace falta la gracia, que para salvar lo humano hace falta lo divino, que para salvar -y gozar- el cuerpo hace falta el alma... y que para salvar el alma hace falta Dios.
Madurar es aprender a preferir, y comprobar que desde lo Preferido todo se ordena, todo se salva, nada se pierde. Pero esto sólo lo saben verdaderamente quienes han conocido a Cristo, en quien todas las líneas convergen, por Quien y para Quien todo fue hecho. Ojalá Ortega lo hubiera comprendido. Hubiera sido infinitamente más grande.
Ganar el cielo sin perder la tierra
"Al volver atrás la mirada por ver el trecho que llevamos andado, Sigüenza, la viejísima ciudad episcopal, aparece rampando por una ancha ladera, a poca distancia del talud que cierra por el lado frontero el valle. En lo más alto el castillo lleno de heridas, con sus paredones blancos y unas torrecillas cuadradas, cubiertas de un airoso casquete. En el centro del caserío se incorpora la catedral, del siglo XII.
Las catedrales románicas fueron construidas en España al compás que hacían las espadas cayendo sobre los cuerpos de los moros.
Sigüenza fue bastante tiempo lugar fronterizo, avanzada en tierra de musulmanes. Por eso, como en Ávila, tuvo la catedral que ser a la vez castillo; sus dos torres cuadradas, anchas, recias, brunas, avanzan hacia el firmamento, pero sin huir de la tierra, como acontece en las góticas. No sé sabe qué preocupaba más a los constructores: si ganar el cielo o no perder la tierra".
José Ortega y Gasset, Paisajes, Cegal 1983, p. 12.
jueves, 15 de julio de 2010
La alameda del pasado y el mercado del día
"... Es conveniente volver de cuando en cuando una larga mirada hacia la profunda alameda del pasado: en ella aprendemos los verdaderos valores -no en el mercado del día".
José Ortega y Gasset, Paisajes, Cegal 1983, p. 10.
viernes, 9 de julio de 2010
Tradición y tradicionalismo
"No se crea por esto que soy de temperamento conservador y tradicionalista. Soy un hombre que ama verdaderamente el pasado. Los tradicionalistas, en cambio, no le aman; quieren que no sea pasado, sino presente. Amar el pasado es congratularse de que efectivamente haya pasado, y de que las cosas, perdiendo esa rudeza con que al hallarse presente arañan nuestros ojos, nuestros oídos y nuestras manos, asciendan a la vida más pura y esencial que llevan en la reminiscencia".
José Ortega y Gasset, Paisajes, Cegal 1983, p. 9.
domingo, 4 de julio de 2010
El cristiano y la memoria
"Sí, la memoria histórica es verdaderamente un “talento más” en la vida, porque sin memoria no hay futuro. ¡Una vez se decía que la historia es maestra de vida! La cultura consumista actual tiende en cambio a aplanar al hombre en el presente, a hacerle perder el sentido del pasado, de la historia; pero haciendo así le priva también de la capacidad de comprenderse a sí mismo, de percibir los problemas, y de construir el mañana. Por tanto, queridos y queridas jóvenes, quiero deciros: el cristiano es uno que tiene buena memoria, que ama la historia e intenta conocerla".
Benedicto XVI, 4 de julio de 2010.
domingo, 30 de mayo de 2010
La huella de la Trinidad
“Dios es todo amor y sólo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente.
Lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—. En todo lo que existe está grabado, en cierto sentido, el "nombre" de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación, y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador. Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor, naturalmente con grados diversos de conciencia y libertad.
La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su "genoma" la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor.
La Virgen María, con su dócil humildad, se convirtió en esclava del Amor divino: aceptó la voluntad del Padre y concibió al Hijo por obra del Espíritu Santo. En ella el Omnipotente se construyó un templo digno de él, e hizo de ella el modelo y la imagen de la Iglesia, misterio y casa de comunión para todos los hombres. Que María, espejo de la Santísima Trinidad, nos ayude a crecer en la fe en el misterio trinitario".
Benedicto XVI
viernes, 23 de abril de 2010
Como Pastor bueno
"El Buen Pastor era una imagen cercana para aquellos oyentes de Jesús, tan acostumbrados al pastoreo tanto en su vida nómada como en la asentada. Pero aquella parábola era casi una crónica autobiográfica de Jesús en relación con aquellas gentes: no ser extraño ni extrañarse, dar vida y darse en la vida, hasta dejarse la piel antes que nadie pueda arrebatarlas. Aquí se dibujaba el estupor ante Jesús que experimentaban cuantos oían su voz y ya no dejarían de reconocerla permaneciendo junto a Él.
En esa convivencia con Jesús, rápidamente se entendía su "secreto". Y consistía en que este Maestro no estaba huérfano: tenía un Padre, en cuyas manos Jesús cuidaba sus ovejas, y de allí nadie podrá arrebatarlas. Jesús, el Padre, nosotros. El Pastor, el Redil, las ovejas. Como en la metáfora del evangelio y como en la vida de cada día. En nuestro mundo, hay tantas voces de gente que se ofrece a "cuidarnos" y a velar por nuestras mil "seguridades". Pero uno sospecha de tanto favor "desinteresado" cuando en el fondo te ves a la intemperie, cargado de avisos, de normas, de recortes, de intereses y controles, de amenazas... y con demasiado poco corazón, buscando tal vez tan sólo que compremos su marca, o votemos sus siglas, o coreemos su afición. El Buen Pastor no tenía ninguno de esos precios, sino que el dar la vida se hacía gratis, por amor.
No obstante, aquel Buen Pastor no se quedó allí, hace dos mil años. Él ha prometido su presencia y cercanía hasta el final de los tiempos. Seremos "ovejas" de tan Buen Pastor si también nosotros oímos su voz, palpamos su vida entregada, y las manos del Padre de las que nadie nos podrá arrebatar. En la medida en que permanecemos en ese Pastor Bueno, crece nuestro corazón y se ve rodeado de una paz que no engaña, y de una esperanza sin traición. Tenemos necesidad de pastores que nos recuerden las actitudes del Buen Pastor, y debemos pedir al Señor que nos bendiga con muchos y santos sacerdotes según el corazón de Dios. Pero cada uno, desde la vocación que haya recibido, debe testimoniar lo que supone la compañía de tal Buen Pastor: dejarse pastorear es dejarse conducir hacia el destino feliz para el que fuimos creados, para que aquello que Él nos prometió se siga cumpliendo, y esto llene de alegría a nuestro corazón, de esa alegría de la pascua, que como las ovejas de Jesús de las manos del Padre, nadie nos podrá arrebatar".
Mons. Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo
viernes, 16 de abril de 2010
La última pesca
"El relato de la última aparición de Jesús resucitado a sus discípulos, tiene una escena entrañable. De nuevo entre redes, como al principio; de nuevo ante un faenar cansino e ineficaz, como tantas veces; de nuevo la dureza de cada día, en un cotidiano sin Jesús, como antes de que todo hubiera sucedido.
Alguien extraño a una hora temprana, desde la orilla, se atreve a provocar haciendo una pregunta allí donde más dolía: sobre lo que había... donde no existía más que cansancio y vacío. Habían aprendido que la verdad de las cosas no siempre coincide con lo que nuestros ojos logran ver y nuestras manos acariciar, y se fiaron de aquel desconocido. El resultado fue el inesperado, ese que sorprende porque ya no se espera, porque se nos da cuando vamos de retirada y estamos de vuelta... de todas nuestras nadas e inutilidades. Para unos sería buena vista o acaso magia para otros, pero para el discípulo amado sólo podía ser el Señor.
Hay unas brasas que recuerdan aquella fogata en torno a la cual días antes el viejo pescador juró no conocer a Jesús, negándole tres veces. Ahora, junto al fuego hermano, Jesús lavará con misericordia la debilidad de Pedro, transformando para siempre su barro frágil en piedra fiel.
El verdadero milagro no es una red que se llena, como vacío que se torna en plenitud inmerecida. El milagro más grande es que la traición cobarde se transforma en confesión de amor. Hasta tres veces lo confesará. La traición, deshumanizó a Pedro, le hizo ser como en el fondo no era, y le obligó a decir con los labios lo que su corazón no quería. El amor de Jesús, su gracia siempre pronta, le humanizará de nuevo, hasta reestrenar su verdadera vida. Sin ironía, sin indirectas, sin pago de cuentas atrasadas. Gratuitamente como la gracia misma.
En nuestro mundo, hay muchas fogatas y foros donde se traiciona a Dios y a los hermanos, y haciendo así nos deshumanizamos, y nos partimos y rompemos. Pero hay otras brasas, las que Jesús prepara al amanecer de nuestras oscuridades y a la vuelta de nuestras fatigas, y allí nos convoca en compañía nueva, haciéndonos humanidad distinta. Allí nos permite volver a empezar, en la alegría del milagro de su misericordia inmerecida. Es la última pesca, la de nuestras torpezas y cansancios. Feliz quien tenga ojos para reconocerle como Juan, y quien se deje renacer como Pedro".
Monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo
lunes, 5 de abril de 2010
¡Somos libres!
"La Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero.
Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón.
¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: Cantemos al Señor, sublime es su victoria".
Homilía del Santo Padre Benedicto XVI en la Vigilia Pascual 2010
domingo, 4 de abril de 2010
Pregón Pascual
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo».
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por medio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén.
viernes, 2 de abril de 2010
Entrar por el costado...
"Con ánimo de hablarle en confianza
de su piedad entré en el templo un día,
donde Cristo en la cruz resplandecía
con el perdón de quien le mira alcanza.
Y aunque la fe, el amor y la esperanza
a la lengua pusieron osadía,
acordéme que fue por culpa mía
y quisiera de mí tomar venganza.
Ya me volvía sin decirle nada
y como vi la llaga del costado,
paróse el alma en lágrimas bañada.
Hablé, lloré y entré por aquel lado,
porque no tiene Dios puerta cerrada
al corazón contrito y humillado".
Lope de Vega
Cómo, clavado, enseñas tanto...
¿Pero cómo, clavado, enseñas tanto?
Debe ser que siempre estás abierto,
¡oh Cristo, oh ciencia eterna, oh libro santo!"
Lope de Vega
El navío de la Cruz
San Agustín
Al otro lado está Él
«Morir significa para el cristiano que Cristo viene y llama. La vida terrena se quiebra, pero, justamente por eso, se abre la puerta y, al otro lado, está Él».
Romano Guardini
jueves, 1 de abril de 2010
El primer día de una nueva creación
“Momentos antes de su muerte rezó por toda la raza de asesinos de la humanidad, diciendo: No saben lo que hacen...
No hay necesidad de repetir y alargar la historia, contando cómo se consumó la tragedia por la pendiente de la Vía Dolorosa y cómo lo arrojaron sin más con dos ladrones en una de las tandas ordinarias de ejecuciones. Y cómo, en todo aquel terrible y desolador abandono, oyó una voz en homenaje, una voz sorprendente, procedente del último lugar esperado: el madero de uno de los ladrones. Y le dijo a aquel rufián sin nombre: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. ¿Qué otra cosa se puede poner después de esto sino un punto final?...
Hubo momentos de desamparo que nadie padecerá jamás... Y si hubiera algún sonido que pudiera producir el silencio, seguramente nos quedaríamos en silencio ante el final, cuando un grito fue lanzado en la oscuridad con palabras terriblemente nítidas y terriblemente incomprensibles, que el hombre nunca entenderá en toda la eternidad que esas mismas palabras han comprado para él. Y por un instante aniquilador, un abismo insondable para nuestro limitado intelecto se abrió en la unidad de lo absoluto: Dios había sido abandonado por Dios.
Bajaron el cuerpo de la cruz y uno de los pocos hombres ricos entre los primeros cristianos obtuvo permiso para enterrarlo, en un sepulcro en la roca, dentro de su huerto... Al tercer día, los amigos de Cristo que llegaron al lugar al amanecer, encontraron el sepulcro vacío y la piedra quitada. De diversas maneras se fueron dando cuenta de la nueva maravilla. Pero aún no se dieron mucha cuenta de que el mundo había muerto en la noche. Lo que aquéllos contemplaban era el primer día de una nueva creación, un cielo nuevo y una tierra nueva. Y con aspecto de labrador, Dios caminó otra vez por el huerto, no bajo el frío de la noche, sino del amanecer”.
G.K. Chesterton, El hombre eterno, Cristiandad 2007, pp. 272-277.
miércoles, 24 de marzo de 2010
De hombres y maquinas
"La computadora puede ser, ya lo es, una herramienta más. Ahora, de ahí a creer, como vosotros, que la máquina os va a sacar del atolladero es una ilusión, porque los únicos que somos capaces de formular una pregunta somos nosotros; las máquinas sólo dan respuestas... El día en que la computadora os haga una pregunta por su propia cuenta, ese día hablaremos..."
Edorta Kortadi Olano, Una mirada sobre Eduardo Chillida, Síntesis, Madrid 2003, p. 31.
martes, 23 de marzo de 2010
Decir verdad
"Cualquiera que oiga esto que digo dirá: 'Éste siempre dice lo mismo'; pero es que un hombre que dice la verdad siempre dice lo mismo".
Edorta Kortadi Olano, Una mirada sobre Eduardo Chillida, Síntesis, Madrid 2003, p. 42.
domingo, 21 de marzo de 2010
Lo que diferencia al técnico del artista
"Eduardo Chillida... se deja guiar completamente por la intuición; en ella considera que radica la diferencia entre un artista y un técnico o un artesano. El técnico ha de conocer perfectamente el resultado de su trabajo incluso antes de realizarlo, pero el artista trabaja buscando, indagando, desconociendo a dónde va a llegar. Si el resultado se conoce de antemano, la obra nace muerta, asegurará el artista".
Edorta Kortadi Olano, Una mirada sobre Eduardo Chillida, Síntesis, Madrid 2003, p. 26.
Hacer temblar el corazón de Dios
"Extraviándose, aquella oveja, igual que el hijo menor, hizo temblar el corazón de Dios. Dios temió perderla para siempre, verse obligado a condenarla y privarse de ella eternamente. Este miedo hizo brotar la esperanza en Dios y la esperanza, una vez realizada, provocó la alegría y la fiesta. Toda penitencia del hombre es la coronación de una esperanza de Dios".
Charles Péguy
viernes, 19 de marzo de 2010
La paternidad es la imitación de Dios
"La paternidad es la imitación de Dios. Jesucristo ha revelado la palabra definitiva de la historia, que Dios es Padre y por ello, la esencia del Ser es la paternidad, la huella de Dios en el hombre es constituirse en esta paternidad.
Paternidad significa cuidar del otro, porque Dios es quien engendra y no abandona: Aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo no te abandonaré (cfr. Sal. 27, 10; Is. 49, 15). Por tanto, la paternidad y maternidad carnal y espiritual son la suprema imitación de la presencia de Dios. Son la suprema participación del objetivo por el que existimos.
Paternidad y maternidad se distinguen por razones fisiológicas, psicológicas, históricas. Pero en sentido primigenio se equivalen, porque están aunadas por la misma misión generativa y educativa.
Dios es el que admite al ser y educa al ser. De aquí deriva la misión del Padre. Por tanto paternidad espiritual significa educación. Ahora bien, esta misión Cristo la ha dejado a la santa madre Iglesia. Por tanto nuestra paternidad y maternidad se realizan en la Iglesia: ella engendra los hijos en la fuente bautismal, los alimenta, los educa y los sustenta por medio de los sacramentos, la catequesis, por medio de una pertenencia de los unos a los otros, en la que se desarrolla una vida cotidiana verdadera que es la fuente de la educación.
Los sacerdotes son los siervos de la maternidad y paternidad de Dios y de la Iglesia, son siervos del cuerpo de Cristo. Y este aspecto revela una dimensión decisiva de la paternidad espiritual de que está investido el cura: no es referencia a sí mismos, sino a la Iglesia. La paternidad es conducir a los hijos a la Iglesia, al Cuerpo de Cristo.
En la paternidad espiritual está innato el riesgo que nuestra persona se convierte en pantalla entre aquel a quien encontramos y la vida de la Iglesia. Existe el peligro de que nuestras cualidades, nuestros dones y defectos, lo que somos o podemos parecer, oculte lo que debemos realmente ser; es por tanto importante una clara relación entre la Iglesia y la persona. No debemos inventar nada, sino servir a algo que ya existe; que se renueva, ciertamente, pero que en el tiempo mantiene una continuidad. Debemos enriquecer la Iglesia de una nueva forma: en la Iglesia hay algo nuevo con cada nacimiento, pero este nacimiento es más propiamente una nueva manifestación de lo antiguo. Cada uno de nosotros debe cultivar con gran respeto la tradición de la Iglesia, el río que nos ha llegado y nos ha permitido injertarnos en el".
Massimo Camisasca
José, ejemplo de autoridad
"José entiende que Jesús era superior a él mientras le era sumiso, y a sabiendas de la superioridad de su menor, José le mandaba con temor y mesura. Que todos reflexionen: a menudo, una persona de menor valía es colocada por encima de gente mejor que él, y a veces ocurre que el inferior vale más que aquel que parece mandar sobre él. Cuando alguien que ha sido elevado en dignidad comprenda esto, ya no se hinchará de orgullo por su rango más alto, sino que sabrá que su inferior puede ser mejor que él, al igual que Jesús estaba sujeto a José".
Orígenes, Homilía sobre San Lucas, XX, 5, SC p. 287.
La paternidad de José
"Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: Uno solo es vuestro Padre (Mt 23,9). En efecto, no hay más paternidad que la de Dios Padre, el único Creador de todo lo visible y lo invisible. Pero al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, se le ha hecho partícipe de la única paternidad de Dios (cf. Ef 3,15). San José muestra esto de manera sorprendente, él que es padre sin ejercer una paternidad carnal. No es el padre biológico de Jesús, del cual sólo Dios es el Padre, y sin embargo, desempeña una plena y completa paternidad. Ser padre es ante todo ser servidor de la vida y del crecimiento".
Benedicto XVI
lunes, 15 de marzo de 2010
Qué nos hace libres
negarnos a aceptar
nada superior a nosotros,
sino por aceptar lo que
está realmente por encima de nosotros".
Goethe
domingo, 7 de marzo de 2010
La zarza ardiente: Dios y la Iglesia
Este cuerpo de Cristo que abarca a la humanidad de todos los tiempos y lugares es la Iglesia. San Ambrosio vio su prefiguración en la tierra santa indicada por Dios a Moisés: "Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa" (Ex 3, 5); y allí, más tarde, se le ordenó: "Y tú quédate aquí junto a mí" (Dt 5, 31), orden que el santo obispo de Milán actualiza para los fieles en estos términos:
"Tú permaneces conmigo (con Dios), si permaneces en la Iglesia. (...) Permanece, pues, en la Iglesia; permanece donde me he aparecido a ti; ahí estoy yo contigo. Donde está la Iglesia, ahí encontrarás el punto de apoyo más firme para tu mente; donde me he aparecido a ti, en la zarza ardiente, ahí está el fundamento de tu alma. De hecho, me he aparecido en la Iglesia, como en otro tiempo en la zarza ardiente. Tú eres la zarza, yo el fuego; fuego en la zarza, soy yo en tu carne. Por eso, yo soy fuego: para iluminarte, para destruir tus espinas, tus pecados, y para manifestarte mi benevolencia (Epistulae extra collectionem: Ep. 14, 41-42)".
Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal de Portugal en visita "ad limina", 10 de noviembre de 2007.
miércoles, 3 de marzo de 2010
La copia y el original
"Recuerdo un viaje a Asís. Fue una vivencia simpática. Ya sabía que es la ciudad de san Francisco; pero lo único que buscaba era un pequeño hotel para dormir, un ambiente agradable para pasear, vino sabroso y un poco de soledad para soñar. La sugerencia para hacer ese viaje me la dio mi amigo Christian, un auténtico pagano. Cuando, después de una noche de viaje, llegué a la estación de Asís por la mañana, me tomé un espresso doble, un tramezzino con atún y me puse lentamente en marcha.
Fui dando un paseo a lo largo de la calle ancha, visité una iglesia inmensa ... y me sentí totalmente decepcionado. No sentí ninguna alegría, ni siquiera curiosidad. La ciudad, probablemente, fuera impresionante, pero a mí no me gustaba y no podía hacer nada. Primero eché pestes de mi amigo y sus recomendaciones y, después, de mí y mi credulidad. Enfadado, me di la media vuelta ... y me eché a reír. Lo que tenía a mi vista era nada menos que un sueño de ciudad.
Allí arriba, sobre el monte, refulgiendo como un cuadro de Cézanne, se alzaba la auténtica, la única Asís. Me golpeé sobre la frente: sencillamente había seguido el camino equivocado. Me había dejado engañar, o me había engañado a mí mismo: tomé la copia por el original. Y no fue especialmente difícil esclarecer el error: solo tuve que darme la vuelta, girar 180 grados, para tener delante de mí justo lo que estaba buscando".
P. Seewald, Mi vuelta a Dios, Palabra, Madrid 2006, p. 94
domingo, 28 de febrero de 2010
Silencio habitado por Otro
"He encontrado una definición brillante: el silencio es nuestra memoria llena de la conciencia de pertenecer a Jesús. Si esto es verdad, podemos comprender que el silencio no es en absoluto el vacío. Es más, es la condición del diálogo con aquél que es el centro del mundo y el rostro secreto de todas las cosas.
Si no se necesitara para vivir, el silencio no me interesaría. Año tras año he ido entendiendo y experimentando que puede ser más necesario que el agua y el aire o, por lo menos, es para nuestro espíritu tan necesario como lo son el agua y el aire para el cuerpo. El pueblo de Israel usaba esta expresión: ver el rostro de Dios, tu rostro Señor yo busco (Sal 27, 8). Es una imagen bellísima sobre lo que es el silencio: la identificación con el amado. El silencio es el instante habitado por Otro.
Quisiera contar cómo descubrí esto. Antes de nada, para aprender el silencio, hay que empezar a hacer silencio. Siguiendo la enseñanza de quienes han sido padres para mí, dedico una hora cada día al silencio entendiéndolo en su sentido literal. Antes situaba esta hora al final de la tarde; luego, he ido entendiendo poco a poco que era necesario empezar el día con el silencio. Así, la primera hora de la jornada la dedico a esto.
Se me ha enseñado que el tiempo de silencio se abre con unos minutos de oración de rodillas, a ser posible delante de una imagen. Es una educación muy grande empezar el día adorando, reconociendo con gratitud la belleza de lo creado, la bondad de Dios, el tiempo que nos da. El Padre como origen de todo. No quiero ser ingenuo en absoluto, ni espiritualista ni abstracto. Hay noches en las que no duermo, otras en las que duermo poco, mañanas en las que me levanto asediado por las preocupaciones. Precisamente por esto, educar mi alma hacia la positividad de la vida, reconocer la paternidad que me ha querido, de quien quiere al mundo y lo guía, es el mayor bien. Sin silencio es imposible descubrir la paternidad de Dios, es imposible entrar en el movimiento que Dios cumple cada día para hacernos suyos. Se entiende de esta manera que el silencio tiene un valor social muy importante. Poco a poco, entrando en la paternidad de Dios, ensimismándonos con la mirada de Cristo, cambia mi mirada sobre los demás. Como todas las cosas, los hombres se convierten en signo de Jesús. Nace de esta manera la posibilidad de perdonar, de acoger, de vivir junto a los demás".
M. Camisasca
Pero, ¿qué es el silencio?
"Pero, ¿qué es el silencio? ¿Por qué es tan importante para cada hombre, sobre todo para cada cristiano, y por ende para cada sacerdote? ¿Cómo puede madurar en nosotros el hábito del silencio?
El silencio hace pensar, en primer lugar, en la ausencia de palabras, de sonidos. Hay un valor en todo esto, pero no podemos detenernos en este punto. Yo no quiero el silencio para no oír y no ver, para abstraerme de la vida. Todo lo contrario, deseo el silencio para poder ver con mayor profundidad, para poder escuchar las palabras más importantes, a menudo reprimidas o escondidas, para poder detenerme en ellas. Por lo tanto, si el silencio exige una determinada lejanía del bullicio y de los ruidos diarios, es para entrar con más profundidad en la realidad, para descubrir la cara verdadera de las cosas, que a menudo está escondida detrás de un velo.
Para el cristiano, el silencio es la mirada de la fe sobre las cosas del mundo. No estoy diciendo que el cristiano sea un visionario. La fe no le hace ver cosas imaginarias o irreales, sino que le hace capaz de mirar con mayor profundidad las mismas cosas que todos miran. Al contrario que las filosofías o religiones orientales, el cristiano, en el silencio, no tiene delante la nada sino un “tú” personal.
El poeta Clemente Rebora ha escrito en una poesía llamada El álamo este bellísimo verso: «Y el tronco se hunde donde es más verdadero». Desde la ventana de mi habitación veo tres álamos piramidales. Cada vez que paso a su lado me vienen a la cabeza las palabras de Rebora. Me parece que contienen una imagen apropiada del silencio. También nosotros, como el hombre de todos los tiempos, miramos a menudo la vida en fragmentos: un acontecimiento, otro, una palabra, un suceso que descubrimos en el periódico… Todo nos parece dividido y por eso, en última instancia, sin sentido. El silencio, la fe, nos permiten descubrir la unión entre las cosas, los acontecimientos, las palabras. Nos permiten percibir, aunque de lejos, como en un espejo, enigmáticamente (1 Cor 13, 12), el rostro de aquél por quien todo se ha hecho y hacia quien todo se dirige. (véase Hch 17, 24-28; Col 1, 16). Únicamente en el silencio podemos ser capaces de acoger el sentido de las cosas más grandes, el dolor y la alegría, el amor y el cansancio, la belleza y las heridas. Pero en el silencio hasta las cosas más pequeñas se vuelven significativas".
M. Camisasca
El silencio entre las palabras
Hace unos años vi en televisión una de las pocas entrevistas hechas a María Callas. Respondiendo a la pregunta de qué era para ella lo más importante que había vivido en el canto y que quisiera transmitir, dijo más o menos esto:
“El silencio. Toda la grandeza del canto está en el silencio que hay entre las palabras”.
Que no fuera una respuesta tan extraña lo entendí cuando se la oí repetir a Giuseppe di Stefano, un grandísimo tenor italiano desaparecido recientemente. En una entrevista radiofónica, en la que se le preguntaba cuál era el secreto de su arte, respondió:
“Pronunciar bien todas las palabras y hacer bien los silencios”.
lunes, 8 de febrero de 2010
Vida pública y vida privada
"En otro sentido hay algo también ilusorio o irresponsable sobre la función puramente pública, sobre todo en el caso de la educación pública. El educador trata generalmente con una sola sección de la mente del estudiante. Pero trata siempre con una sola sección de la vida del estudiante. Los padres tienen que tratar no sólo con todo el carácter del niño, sino también con toda la carrera del niño. El maestro siembra la simiente, pero los padres cosechan y siembran. El maestro ve a más niños, pero no está claro que vea más niñez; y no hay duda de que ve menos juventud y ninguna madurez.
...Pero los padres tienen que encarase con la vida entera del individuo y no sólo con la vida escolar del estudiante... Todo el mundo sabe que los maestros tienen una tarea fatigosa y a menudo heroica, pero no es injusto con ellos recordar que en este sentido tienen una tarea excepcionalmente feliz. El cínico diría que el maestro tiene su felicidad en no ver nunca los resultados de su propia enseñanza. Prefiero limitarme a decir que no tiene la preocupación sobreañadida de tener que estimarla desde el otro extremo. El maestro raramente está presente cuando su estudiante se muere. O para decirlo con una metáfora teatral más suave, rara vez se encuentra ahí cuando cae el telón.
Éste no es más que uno de los muchos ejemplos de la misma verdad: que lo que se llama vida pública no es más grande que la vida privada, sino más pequeño. Lo que llamamos vida pública es un asunto fragmentario de impresiones y secciones y estaciones; es sólo en la vida privada en donde mora la plenitud de nuestra vida entera".
G. K. Chesterton, El amor o la fuerza del sino, Rialp, 2000, 4ª ed., pp. 196-197.
La paradoja del hogar humano
Todo tiende al regreso de una sencilla verdad que dice: el trabajo privado en la casa es el trabajo verdaderamente grande y el trabajo público es el empleo pequeño. El hogar humano es una paradoja porque es más grande por dentro que por fuera".
G. K. Chesterton, El amor o la fuerza del sino, Rialp, 2000, 4ª ed., p. 196.
Padres y especialistas
"Y es que la idea de un sustituto de los padres es sencillamente una ilusión de la riqueza. El abogado progresista de esta educación inconsistente e infinita para el niño piensa generalmente en el niño rico; y toda esta especie particular de libertad debería ser llamada con más exactitud un lujo. Es muy natural para una señora rica dejar a su hijita con una institutriz francesa o con una checoslovaca o con una del antiguo imperio sánscrito, en la seguridad de que uno u otro de estos aspectos de la inteligencia de la niña está siendo desarrollado mientras que ella, la madre, aparece en la vida pública como prestamista o en algún otro puesto moderno lleno de dignidad.
Pero la gente más pobre no puede tener cinco maestros para cada niño. Generalmente hay unos cincuenta niños por maestro. Es imposible cortar el alma de un niño y distribuirla entre especialistas. Todo lo que podemos hacer es cortar en pedazos el alma de un maestro y distribuirla en trapos y trozos a toda una muchedumbre de niños. Y aun en el caso del niño rico, no está nada claro que los especialistas sean un sustituto de la autoridad espiritual. Ni siquiera el millonario puede estar nunca seguro de no haberse olvidado de alguna institutriz en la larga procesión de institutrices que desfila perpetuamente bajo su pórtico de mármol; y esa omisión puede ser tan fatal como la del rey que se olvidó de invitar al hada cruel al bautizo. La hija, tras una vida de ruindad y desesperación, puede echar una mirada atrás y decir: si hubiera tenido también una institutriz de Lituania, mi destino como esposa de un diplomático en los países de Europa oriental hubiera sido muy diferente. Pero parece más probable que lo que echara de menos no fuera uno u otro de estos logros, sino un código moral lleno de sentido común o una visión general de la vida.
El millonario, por supuesto, podría contratar a un mahatma o a un profeta místico para que diera a su hijo una filosofía general de la existencia. Pero dudo que la filosofía tuviera mucho éxito aun para el niño rico, y sería algo imposible para el niño pobre. En el caso de pobreza relativa -que es el caso de la mayor parte de la humanidad- volvemos a una responsabilidad general de los padres; así lo ha visto siempre el sentido común de la humanidad. Volvemos a los padres como a las personas encargadas de la educación. Y quien ensalza la educación debe ensalzar el poder de los padres en ella.
Si los jóvenes tienen siempre la razón y pueden hacer lo que les dé la gana, muy bien, estupendo; alegrémonos todos, viejos y jóvenes, y quedémonos libres de toda responsabilidad. Pero que no nos vengan entonces con la importancia de la educación cuando nadie tiene ya autoridad alguna para educar a nadie. Decidid si queréis una educación sin límites o una emancipación sin límites, pero no seáis tan imbéciles pensando que podéis tener las dos cosas al mismo tiempo".
G. K. Chesterton, El amor o la fuerza del sino, Rialp, 2000, 4ª ed., pp. 194-195.
Educación e instrucción
"Si la educación ética y cultural fuera realmente un asunto trivial y mecánico, sería posible que la madre la impartiera con precipitación, como si se tratara de una rápida rutina, antes de irse al negocio más serio de servir a un capitalista a sueldo. Si la educación no fuera nada más que instrucción, podría instruir brevemente a sus niños en las tablas de multiplicar antes de remontarse a esferas más elevadas y nobles como servidora de una Fundación Filantrópica de Leche o como secretaria de una Cooperativa Farmacéutica. Sin embargo, la mente moderna está constantemente asegurándonos que la educación no es instrucción; está constantemente insistiendo en que no es un ejercicio mecánico, y que de ninguna manera debe ser un ejercicio abreviado. Es algo que se imparte a todas horas. Es algo que debe cubrir todos los temas. Pero si debe impartirse a todas horas, no puede ser decuidada en las horas del negocio comercial. Y si el niño ha de tener libertad de cubrir todos los temas, los padres deben tener igualmente la libertad de cubrir todos los temas".
G. K. Chesterton, El amor o la fuerza del sino, Rialp, 2000, 4ª ed., pp. 193-194.
Educación y vida doméstica
"... La mente moderna no es consistente consigo misma. Se las ha ingeniado para poner uno de sus crudos ideales en perfecta contradicción con el otro.
La gente progresista está constantemente diciéndonos que la esperanza del mundo está en la educación. La educación lo es todo. Nada es tan importante como instruir a la nueva generación. Nada es realmente importante excepto la nueva generación. Nos lo dicen una y otra vez, con ligeras variaciones de la misma fórmula, y nunca parecen darse cuenta de lo que implica. Porque si hay una gota de verdad en todo este hablar sobre la educación del niño, entonces no hay ciertamente nada más que insensatez en el noventa por ciento de lo que se habla sobre la emancipación de la mujer.
Si la educación es la función más elevada del estado, ¿por qué desearía alguna persona ser emancipada de la función más elevada del Estado? Es como si habláramos de conmutar la sentencia que condenaba a un hombre a ser Presidente de los Estados Unidos, o de llegar justo a tiempo de rescatarle de ser elegido Papa. Si la educación es la cosa más grande que hay en el mundo, ¿qué sentido puede haber en hablar de una mujer siendo liberada de la cosa más grande del mundo? Es como si fuéramos a rescatarla del cruel y terrible destino de ser poeta como Shakespeare; o a compadecernos de las limitaciones de un artista tan completo como Leonardo da Vinci.
Pues lo cierto es que no cabe duda alguna de que hay verdad en este reclamo sobre la importancia de la educación. Sólo que precisamente el tipo de educación del que es particularmente verdadero es el que se llama educación doméstica. La educación privada en el hogar es verdaderamente universal. Comparada con ella, la educación pública en la escuela puede ser estrecha y limitada. Sería de verdad una exageración decir que el maestro que se dedica a enseñar a sus alumnos "dibujo libre", les está entrenando en todos los usos de la libertad. Sería de verdad fantástico decir que el inocuo extranjero que enseña francés o alemán habla con todas las lenguas de los hombres y de los ángeles. Pero la madre que trata con sus propias hijas en su propia casa tiene que habérselas literalmente con todas las formas de libertad, porque tiene que habérselas con todos los aspectos del alma humana. No está obligada a hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero sí al menos a decidir cuánto debería hablar sobre los ángeles y cuánto sobre los hombres.
Brevemente, si la educación es realmente el asunto de mayor relevancia, entonces con toda seguridad la vida doméstica es la de mayor relevancia; y la vida oficial o comercial es la de menor relevancia. Es simple cuestión de aritmética que lo que se quite de la primera la dejará disminuida. Es cuestión de simple sustracción que la madre tiene que tener menos tiempo para la familia si tiene que tener más tiempo para la fábrica".
G. K. Chesterton, El amor o la fuerza del sino, Rialp, 2000, 4ª ed., pp. 192-193.
La familia, fábrica de humanidad
"El negocio que se hace en la casa no es nada menos que formar los cuerpos y las almas de la humanidad. La familia es la fábrica que produce la humanidad".
G. K. Chesterton, The New Witness, 1919.
lunes, 11 de enero de 2010
Para qué leemos
"Quien abre un libro espera que se le descubra algo más sobre el mundo y sobre su posición en él. De otro modo sería incomprensible que siguiésemos acercándonos a los libros, cuando la lectura es uno de los gestos del hombre más gratuitos e innecesarios. Como decía Flannery O'Connor, una buena pieza literaria lo es porque tras su lectura notamos que nos ha sucedido algo".
Guadalupe Arbona, A los lectores, colección Literatura de Ediciones Encuentro.
