Último pasaje del desesperanzado grito de Pieter van der Meer, que hace llorar a su mujer, Cristina:
"-Un momento, breve como un relámpago, estamos aquí en el mundo, vivientes, con la tempestad salvaje de nuestras pasiones, torturados por todos los anhelos y todas las ilusiones, deseando aprisionar lo imposible y apretarlo contra nuestro corazón. Interrogamos el pasado, leemos lo que han pensado los hombres; no podemos comprender. Interrogamos a la tierra, al cielo, a los astros, a los abismos siderales y a los abismos de nuestra alma; sollozamos de éxtasis y de nostalgia ante las cosas bellas, hacemos grandes gestos llenos de pasión, y luego, de pronto, nos quedamos extendidos, inmóviles, y ya no hay nada más, nada más... ¡Las estrellas que contempláramos con tan inmenso anhelo no se acordarán de nosotros! ¡Cristina!-.
Me di vuelta, y vi entonces que lloraba. La miré asustado. Después dije dulcemente: -Cristina...- Sus lágrimas silenciosas revelaban un dolor tan afligente, de ella emanaba una desolación tan tremenda que mi voz se ahogó en un sollozo; la desesperación se cebaba con demasiada furia en mi propia alma.
- No puedo soportar esto... -gemía Cristina-, no puedo soportarlo. Lo has destruido todo. Esto no es posible. Las cosas no pueden ser así...-
No tengo nada que darle, no puedo suavizar su sufrimiento; yo mismo no tengo más que dudas y es necesario seguir viviendo. Me acerqué a ella, tomé su mano entre las mías y largo tiempo estuvimos en esa actitud silenciosa, buscando un refugio el uno junto al otro, contra la fría soledad del mundo".
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 35-36.
viernes, 6 de febrero de 2009
Una burla aterradora
Sigue la cita. Confieso que hasta ahora no he encontrado ninguna expresión más impresionante del vértigo, del terror que provoca pensar que todo podría acabar en la nada:
"¿No es realmente enloquecedora la soledad del hombre, único ser pensante en medio de los mundos? Según una hipótesis aceptable la Tierra, este viejo planeta, después de algunos millares o millones de años, se volverá inhabitable y acabará por perecer. Y será como si jamás hubiera existido la humanidad. Todo se precipitará por siempre en la nada del olvido absoluto. Nada habrá que guarde la memoria de lo que realizaron y sufrieron esas extrañas criaturas que un día soñaban en la tierra, y que se llamaban hombres. Las sinfonías de Beethoven, la Biblia, las guerras, los más sublimes sueños de los santos, Napoleón, Dante, la desesperación, el amor, la sucesión de los imperios del mundo, Cristo, todo fue perfecta y absolutamente vano, y ese drama gigantesco que durara tantos siglos y del que no quedará un solo testigo, lo mismo podría no haber tenido lugar. ¿No es una burla aterradora? ¿No es como para dar alaridos de angustia o para refugiarse en la muerte?"
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 34-35.
"¿No es realmente enloquecedora la soledad del hombre, único ser pensante en medio de los mundos? Según una hipótesis aceptable la Tierra, este viejo planeta, después de algunos millares o millones de años, se volverá inhabitable y acabará por perecer. Y será como si jamás hubiera existido la humanidad. Todo se precipitará por siempre en la nada del olvido absoluto. Nada habrá que guarde la memoria de lo que realizaron y sufrieron esas extrañas criaturas que un día soñaban en la tierra, y que se llamaban hombres. Las sinfonías de Beethoven, la Biblia, las guerras, los más sublimes sueños de los santos, Napoleón, Dante, la desesperación, el amor, la sucesión de los imperios del mundo, Cristo, todo fue perfecta y absolutamente vano, y ese drama gigantesco que durara tantos siglos y del que no quedará un solo testigo, lo mismo podría no haber tenido lugar. ¿No es una burla aterradora? ¿No es como para dar alaridos de angustia o para refugiarse en la muerte?"
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 34-35.
¿Por qué no puedo contentarme?
Nueva cita de Nostalgia de Dios. Es esta una de sus páginas más densas y dramáticas. ¿Nos torturamos en vano? ¿Es posible cancelar la pregunta que nos quema?:
"Me levanté y me acerqué a la ventana. Oprimían mi corazón demasiados deseos. Contemplé la oscuridad nocturna y luego las estrellas en lo alto.
- El hombre es un ser absurdo. Siento las tinieblas impenetrables en torno nuestro, y sin embargo quiero ver. ¿Por qué no puedo contentarme con lo que tengo ante mí, tangible, limitado, real? ¿Por qué invoca mi espíritu al Infinito, a la Eternidad? No puedo pensar en el Fin, y el Infinito es como un abismo en el que cae una piedra que nunca jamás alcanzará el fondo. Una y otra cosa son inconcebibles para mi razón. Es locura sondear los abismos, esperando encontrar la respuesta en sus profundidades... Perdemos el tiempo. Y, sin embargo, ¿acaso es culpa mía si las preguntas se levantan en mí como tempestades, si busco una solución que me satisfaga plenamente?
El espectáculo de este cielo estrellado sobre nuestra tierra me trastorna. ¿Cuántos hombres han gritado como yo su angustia en las innumerables noches de millares y millares de años, desde que fueron encendidos estos soles en la primera noche del universo? Y nadie ha escuchado palabras liberadoras... Y es lo más espantoso y grotesco de todo, que es muy posible que no existan los misterios, y que nos estemos torturando en vano. El universo, la humanidad, no son quizá más que accidentes de la materia. Pero lo más terrible es que tenemos conciencia de ello, que pensamos"...
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 34.
"Me levanté y me acerqué a la ventana. Oprimían mi corazón demasiados deseos. Contemplé la oscuridad nocturna y luego las estrellas en lo alto.
- El hombre es un ser absurdo. Siento las tinieblas impenetrables en torno nuestro, y sin embargo quiero ver. ¿Por qué no puedo contentarme con lo que tengo ante mí, tangible, limitado, real? ¿Por qué invoca mi espíritu al Infinito, a la Eternidad? No puedo pensar en el Fin, y el Infinito es como un abismo en el que cae una piedra que nunca jamás alcanzará el fondo. Una y otra cosa son inconcebibles para mi razón. Es locura sondear los abismos, esperando encontrar la respuesta en sus profundidades... Perdemos el tiempo. Y, sin embargo, ¿acaso es culpa mía si las preguntas se levantan en mí como tempestades, si busco una solución que me satisfaga plenamente?
El espectáculo de este cielo estrellado sobre nuestra tierra me trastorna. ¿Cuántos hombres han gritado como yo su angustia en las innumerables noches de millares y millares de años, desde que fueron encendidos estos soles en la primera noche del universo? Y nadie ha escuchado palabras liberadoras... Y es lo más espantoso y grotesco de todo, que es muy posible que no existan los misterios, y que nos estemos torturando en vano. El universo, la humanidad, no son quizá más que accidentes de la materia. Pero lo más terrible es que tenemos conciencia de ello, que pensamos"...
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 34.
Dos pobres seres solitarios
Algunos amigos me reclaman a seguir con las citas del libro Nostalgia de Dios, de van der Meer, de modo que allá vamos. El autor, Pieter, se conmueve ante la presencia de su mujer y se pregunta si es posible que todo, también el haber tenido la gracia de conocer a su amada, sea simple fruto del azar, de la casualidad:
"Era una noche extraña. En el cuarto, donde la lámpara semejaba un crisolito luminoso, la ventana se abría sobre la oscuridad de una noche primaveral. Estábamos sentados ante la mesa, uno frente al otro, y callábamos. El libro que leíamos yacía abierto. Cerca, en un florero, se inclinaba el racimo de oro de una rama de mimosas. En torno nuestro, el mundo negro respiraba como un ser viviente. El silencio se iba volviendo una tortura tan insoportable que me era imposible aguantarlo; necesitaba que ocurriera algo que me librase del silencio de plomo, algo grande, formidable, hasta destructor. Mi corazón tocaba a rebato. Mis pensamientos agitaban, siniestros, sus negras alas, como pájaros salvajes en la noche. Mi amada, la luz de mis ojos, estaba allí, en frente de mí; bajo el oro de su cabellera, sus grandes ojos cargados de ensueño miraban al vacío. ¿Pensaba las mismas cosas que yo? ...
'Querida', empecé a decir con voz suave pero penetrante -sin duda fueron otras mis palabras, pero su sentido era el siguiente: -'Querida, aquí estamos dos pobres seres solitarios, sentados uno frente al otro junto a una lámpara. Esta noche las sensaciones más comunes me hacen estremecer de angustia o de asombro. Mira estas flores, ¿no es verdad que su bella florescencia es incomprensible? ¡Cómo viven de inmóviles! Mira nuestras manos apoyadas en la mesa, tranquilas y serenas bajo la luz. Tienen vida, y también la tenemos nosotros.
Vivimos... Me es imposible sondear el abismo de esa palabra. Veo a los hombres, y el terror me oprime. Los hay que se precipitan por todas partes en busca de algo; sus almas están torturadas y en ningún lugar encuentran la paz. Hay quienes, perseguidos y mancillados por el rebaño estulto, aúllan en la noche como locos vagabundos. Veo algunos desesperados taciturnos que ya han perdido toda certidumbre. Veo otros que llegaron a los límites del saber y que luego caen de rodillas, balbuceando plegarias a quién sabe qué Dios. Hay inteligencias que se rompen y se idiotizan a causa de la angustia inexpresable de su soledad en el universo. Veo en este mundo nacer niños y morir hombres a cada instante. Veo ojos serenos que ocultan misterios mil veces más aterradores que el Océano Pacífico. Y veo las ciudades, esos monstruos de piedra donde los hombres sufren, donde se les martiriza en todas formas. Y, por encima de todo, el sol hace su luminoso viaje cotidiano. Me debato en las tinieblas... y es en medio de este caos imposible de imaginar, que nosotros dos vinimos un día el uno hacia el otro. ¿Fue obra del azar? ¿Es posible que así sea?'
Cristina había levantado la cabeza. Sus ojos -nunca puedo mirarlos sin recordar, ¡con cuánta emoción!, el momento en que la vi por primera vez y en que mi corazón la reconoció en el acto y comprendió que era ella, Cristina, ella y no otra, la que me estaba predestinada desde siempre y para siempre-, esa noche sus ojos eran graves y como cargados de todos los ensueños ...
¿No es maravilloso? No te conocía y tú también ignorabas mi existencia hasta que nos vimos. ¡Oh felicidad! Pero piensa ahora en la posibilidad de que los oscuros senderos de nuestras vidas por los cuales andábamos errantes, no se hubieran encontrado. Un hecho insignificante, el más pequeño obstáculo, el retraso o el adelanto de un solo minuto, nos hubiera mantenido alejados por siempre. Ese pensamiento me da miedo. Tengo hasta tal punto el sentimiento de que era necesario que te encontrase, ¡oh tú, que eres mi alegría, mi vida, el latir de mi corazón! Debíamos encontrarnos, alguien nos dirigía... O nos impulsaba una fuerza ciega ... "
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 32-34.
"Era una noche extraña. En el cuarto, donde la lámpara semejaba un crisolito luminoso, la ventana se abría sobre la oscuridad de una noche primaveral. Estábamos sentados ante la mesa, uno frente al otro, y callábamos. El libro que leíamos yacía abierto. Cerca, en un florero, se inclinaba el racimo de oro de una rama de mimosas. En torno nuestro, el mundo negro respiraba como un ser viviente. El silencio se iba volviendo una tortura tan insoportable que me era imposible aguantarlo; necesitaba que ocurriera algo que me librase del silencio de plomo, algo grande, formidable, hasta destructor. Mi corazón tocaba a rebato. Mis pensamientos agitaban, siniestros, sus negras alas, como pájaros salvajes en la noche. Mi amada, la luz de mis ojos, estaba allí, en frente de mí; bajo el oro de su cabellera, sus grandes ojos cargados de ensueño miraban al vacío. ¿Pensaba las mismas cosas que yo? ...
'Querida', empecé a decir con voz suave pero penetrante -sin duda fueron otras mis palabras, pero su sentido era el siguiente: -'Querida, aquí estamos dos pobres seres solitarios, sentados uno frente al otro junto a una lámpara. Esta noche las sensaciones más comunes me hacen estremecer de angustia o de asombro. Mira estas flores, ¿no es verdad que su bella florescencia es incomprensible? ¡Cómo viven de inmóviles! Mira nuestras manos apoyadas en la mesa, tranquilas y serenas bajo la luz. Tienen vida, y también la tenemos nosotros.
Vivimos... Me es imposible sondear el abismo de esa palabra. Veo a los hombres, y el terror me oprime. Los hay que se precipitan por todas partes en busca de algo; sus almas están torturadas y en ningún lugar encuentran la paz. Hay quienes, perseguidos y mancillados por el rebaño estulto, aúllan en la noche como locos vagabundos. Veo algunos desesperados taciturnos que ya han perdido toda certidumbre. Veo otros que llegaron a los límites del saber y que luego caen de rodillas, balbuceando plegarias a quién sabe qué Dios. Hay inteligencias que se rompen y se idiotizan a causa de la angustia inexpresable de su soledad en el universo. Veo en este mundo nacer niños y morir hombres a cada instante. Veo ojos serenos que ocultan misterios mil veces más aterradores que el Océano Pacífico. Y veo las ciudades, esos monstruos de piedra donde los hombres sufren, donde se les martiriza en todas formas. Y, por encima de todo, el sol hace su luminoso viaje cotidiano. Me debato en las tinieblas... y es en medio de este caos imposible de imaginar, que nosotros dos vinimos un día el uno hacia el otro. ¿Fue obra del azar? ¿Es posible que así sea?'
Cristina había levantado la cabeza. Sus ojos -nunca puedo mirarlos sin recordar, ¡con cuánta emoción!, el momento en que la vi por primera vez y en que mi corazón la reconoció en el acto y comprendió que era ella, Cristina, ella y no otra, la que me estaba predestinada desde siempre y para siempre-, esa noche sus ojos eran graves y como cargados de todos los ensueños ...
¿No es maravilloso? No te conocía y tú también ignorabas mi existencia hasta que nos vimos. ¡Oh felicidad! Pero piensa ahora en la posibilidad de que los oscuros senderos de nuestras vidas por los cuales andábamos errantes, no se hubieran encontrado. Un hecho insignificante, el más pequeño obstáculo, el retraso o el adelanto de un solo minuto, nos hubiera mantenido alejados por siempre. Ese pensamiento me da miedo. Tengo hasta tal punto el sentimiento de que era necesario que te encontrase, ¡oh tú, que eres mi alegría, mi vida, el latir de mi corazón! Debíamos encontrarnos, alguien nos dirigía... O nos impulsaba una fuerza ciega ... "
P. van der Meer, Nostalgia de Dios, Desclée de Brouwer, 1948, p. 32-34.
jueves, 5 de febrero de 2009
Música digna de Dios y del hombre
Más verdad. El cristiano no eleva monumentos a su propio yo, no pretende autoexpresarse -como sucede en tanto arte contemporáneo-, sino que persigue ante todo lo que es digno de Dios, alcanzando así, sin buscarlo directamente, su propia dignidad:
"No se trataba de una 'creatividad' privada, en la que el individuo se erige un monumento a sí mismo, tomando como criterio esencialmente la representación del propio yo. Se trataba más bien de reconocer atentamente con los "oídos del corazón" las leyes intrínsecas de la música de la creación misma, las formas esenciales de la música puestas por el Creador en su mundo y en el hombre, y encontrar así la música digna de Dios, que al mismo tiempo es verdaderamente digna del hombre e indica de manera pura su dignidad".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"No se trataba de una 'creatividad' privada, en la que el individuo se erige un monumento a sí mismo, tomando como criterio esencialmente la representación del propio yo. Se trataba más bien de reconocer atentamente con los "oídos del corazón" las leyes intrínsecas de la música de la creación misma, las formas esenciales de la música puestas por el Creador en su mundo y en el hombre, y encontrar así la música digna de Dios, que al mismo tiempo es verdaderamente digna del hombre e indica de manera pura su dignidad".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
Estar a la altura de la Palabra
La gran música occidental -afirma Benedicto XVI- nace de la exigencia cristiana de estar a la altura de la Palabra revelada, de su exigencia de belleza. Escuchando a Tomás Luis de Victoria, Bach, o Mozart comprendemos la verdad de este juicio.
"Escuchemos en ese contexto una vez más a Jean Leclercq: Los monjes tenían que encontrar melodías que tradujeran en sonidos la adhesión del hombre redimido a los misterios que celebra. Los pocos capiteles de Cluny, que se conservan hasta nuestros días, muestran los símbolos cristológicos de cada uno de los tonos".
En San Benito, para la plegaria y para el canto de los monjes, la regla determinante es lo que dice el Salmo: Coram angelis psallam Tibi, Domine -delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Salmo 138, 1). Aquí se expresa la conciencia de cantar en la oración comunitaria en presencia de toda la corte celestial y por tanto de estar expuestos al criterio supremo: orar y cantar de modo que se pueda estar unidos con la música de los Espíritus sublimes que eran tenidos como autores de la armonía del cosmos, de la música de las esferas.
Los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza. De esa exigencia intrínseca de hablar y cantar a Dios con las palabras dadas por Él mismo nació la gran música occidental".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"Escuchemos en ese contexto una vez más a Jean Leclercq: Los monjes tenían que encontrar melodías que tradujeran en sonidos la adhesión del hombre redimido a los misterios que celebra. Los pocos capiteles de Cluny, que se conservan hasta nuestros días, muestran los símbolos cristológicos de cada uno de los tonos".
En San Benito, para la plegaria y para el canto de los monjes, la regla determinante es lo que dice el Salmo: Coram angelis psallam Tibi, Domine -delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Salmo 138, 1). Aquí se expresa la conciencia de cantar en la oración comunitaria en presencia de toda la corte celestial y por tanto de estar expuestos al criterio supremo: orar y cantar de modo que se pueda estar unidos con la música de los Espíritus sublimes que eran tenidos como autores de la armonía del cosmos, de la música de las esferas.
Los monjes con su plegaria y su canto han de estar a la altura de la Palabra que se les ha confiado, a su exigencia de verdadera belleza. De esa exigencia intrínseca de hablar y cantar a Dios con las palabras dadas por Él mismo nació la gran música occidental".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
Se requiere la música
Interesante afirmación del Papa: para hablar con Dios no basta pronunciar los textos sagrados, necesitamos servirnos de la música, el canto y los instrumentos. Ejemplo: los salmos.
"La Palabra de Dios nos introduce en el coloquio con Dios. El Dios que habla en la Biblia nos enseña cómo podemos hablar con Él. Especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras con que podemos dirigirnos a Él, presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él.
Los Salmos contienen frecuentes instrucciones incluso sobre cómo deben cantarse y acompañarse de instrumentos musicales. Para orar con la Palabra de Dios el sólo pronunciar no es suficiente, se requiere la música. Dos cantos de la liturgia cristiana provienen de textos bíblicos, que los ponen en los labios de los Ángeles: el Gloria, que fue cantado por los Ángeles al nacer Jesús, y el Sanctus, que según Isaías 6 es la aclamación de los Serafines que están junto a Dios. A esta luz, la Liturgia cristiana es invitación a cantar con los Ángeles y dirigir así la palabra a su destino más alto".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"La Palabra de Dios nos introduce en el coloquio con Dios. El Dios que habla en la Biblia nos enseña cómo podemos hablar con Él. Especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras con que podemos dirigirnos a Él, presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él.
Los Salmos contienen frecuentes instrucciones incluso sobre cómo deben cantarse y acompañarse de instrumentos musicales. Para orar con la Palabra de Dios el sólo pronunciar no es suficiente, se requiere la música. Dos cantos de la liturgia cristiana provienen de textos bíblicos, que los ponen en los labios de los Ángeles: el Gloria, que fue cantado por los Ángeles al nacer Jesús, y el Sanctus, que según Isaías 6 es la aclamación de los Serafines que están junto a Dios. A esta luz, la Liturgia cristiana es invitación a cantar con los Ángeles y dirigir así la palabra a su destino más alto".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
martes, 3 de febrero de 2009
La Palabra que despierta el alma
Sigue Benedicto XVI evocando la inmensa aportación del monacato a la historia de Europa, al obligar al hombre a hacer un trabajo de búsqueda de Dios, al educar su razón para que escrute los signos de la creación y las palabras de la Revelación. Un trabajo personal y comunitario:
"Para captar plenamente la cultura de la palabra, que pertenece a la esencia de la búsqueda de Dios, hemos de dar otro paso. La Palabra que abre el camino de la búsqueda de Dios y es ella misma el camino, es una Palabra que mira a la comunidad. En efecto, llega hasta el fondo del corazón de cada uno (cf. Hch 2, 37).
Gregorio Magno lo describe como una punzada imprevista que desgarra el alma adormecida y la despierta haciendo que estemos atentos a Dios. Pero también hace que estemos atentos unos a otros. La Palabra no lleva a un camino sólo individual de una inmersión mística, sino que introduce en la comunión con cuantos caminan en la fe. Y por eso hace falta no sólo reflexionar en la Palabra, sino leerla debidamente".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"Para captar plenamente la cultura de la palabra, que pertenece a la esencia de la búsqueda de Dios, hemos de dar otro paso. La Palabra que abre el camino de la búsqueda de Dios y es ella misma el camino, es una Palabra que mira a la comunidad. En efecto, llega hasta el fondo del corazón de cada uno (cf. Hch 2, 37).
Gregorio Magno lo describe como una punzada imprevista que desgarra el alma adormecida y la despierta haciendo que estemos atentos a Dios. Pero también hace que estemos atentos unos a otros. La Palabra no lleva a un camino sólo individual de una inmersión mística, sino que introduce en la comunión con cuantos caminan en la fe. Y por eso hace falta no sólo reflexionar en la Palabra, sino leerla debidamente".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
lunes, 2 de febrero de 2009
Las palabras y la Palabra
Los monjes, en su búsqueda de Dios, cuidaban la educación de la razón con vistas a llegar, mediante las palabras reveladas, a la Palabra Viviente, Jesucristo. Sin esta inteligencia de la realidad, sin esta búsqueda del sentido último no hay fe cristiana, pero en último extremo tampoco cultura:
"El monasterio sirve a la 'eruditio', a la formación y a la erudición del hombre -una formación con el objetivo último de que el hombre aprenda a servir a Dios. Pero esto comporta evidentemente también la formación de la razón, la erudición, por la que el hombre aprende a percibir entre las palabras la Palabra".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"El monasterio sirve a la 'eruditio', a la formación y a la erudición del hombre -una formación con el objetivo último de que el hombre aprenda a servir a Dios. Pero esto comporta evidentemente también la formación de la razón, la erudición, por la que el hombre aprende a percibir entre las palabras la Palabra".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
Bibliotecas y escuelas
Sigue el Papa sus referencias al monacato medieval, en su discurso al mundo de la cultura, con ocasión de su viaje a Francia en septiembre de 2008. Destaca el origen de dos instituciones esenciales para el desarrollo de la historia de occidente, la biblioteca y la escuela:
"'Quaerere Deum': como eran cristianos no se trataba de una expedición por un desierto sin caminos, una búsqueda hacia el vacío absoluto. Dios mismo había puesto señales de pista, incluso había allanado un camino, y de lo que se trataba era de encontrarlo y seguirlo.
El camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres. La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra... Porque en la Palabra bíblica Dios está en camino hacia nosotros y nosotros hacia Él, hace falta aprender a penetrar en el secreto de la lengua, comprenderla en su estructura y en el modo de expresarse. Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua.
Puesto que la búsqueda de Dios exigía la cultura de la palabra, forma parte del monasterio la biblioteca que indica el camino hacia la palabra. Por el mismo motivo forma parte también de él la escuela, en la que concretamente se abre el camino. San Benito llama al monasterio una 'dominici servitii schola' (escuela de servicio del Señor)".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"'Quaerere Deum': como eran cristianos no se trataba de una expedición por un desierto sin caminos, una búsqueda hacia el vacío absoluto. Dios mismo había puesto señales de pista, incluso había allanado un camino, y de lo que se trataba era de encontrarlo y seguirlo.
El camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres. La búsqueda de Dios requiere, pues, por intrínseca exigencia una cultura de la palabra... Porque en la Palabra bíblica Dios está en camino hacia nosotros y nosotros hacia Él, hace falta aprender a penetrar en el secreto de la lengua, comprenderla en su estructura y en el modo de expresarse. Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua.
Puesto que la búsqueda de Dios exigía la cultura de la palabra, forma parte del monasterio la biblioteca que indica el camino hacia la palabra. Por el mismo motivo forma parte también de él la escuela, en la que concretamente se abre el camino. San Benito llama al monasterio una 'dominici servitii schola' (escuela de servicio del Señor)".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"Quaerere Deum"
'Quaerere Deum', buscar a Dios, así describía el papa Benedicto XVI el objetivo existencial de los monjes benedictinos que civilizaron Europa y conservaron el legado de la antigüedad clásica. ¿No tendrá que ser éste también nuestro principal interés? "Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura":
"Primeramente y como cosa importante hay que decir con gran realismo que no estaba en su intención crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era: 'quaerere Deum', buscar a Dios.
En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es sólo y verdaderamente importante y fiable. Se dice que su orientación era "escatológica". Que no hay que entenderlo en el sentido cronológico del término, como si mirasen al fin del mundo o a la propia muerte, sino existencialmente: detrás de lo provisional buscaban lo definitivo".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
"Primeramente y como cosa importante hay que decir con gran realismo que no estaba en su intención crear una cultura y ni siquiera conservar una cultura del pasado. Su motivación era mucho más elemental. Su objetivo era: 'quaerere Deum', buscar a Dios.
En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es sólo y verdaderamente importante y fiable. Se dice que su orientación era "escatológica". Que no hay que entenderlo en el sentido cronológico del término, como si mirasen al fin del mundo o a la propia muerte, sino existencialmente: detrás de lo provisional buscaban lo definitivo".
Benedicto XVI, Discurso al mundo de la cultura, París, 12 septiembre 2008.
sábado, 31 de enero de 2009
Disonancias redimidas
Sigo citando al teólogo dominico. Dios es un compositor tan genial que logra integrar nuestras disonancias en su gran sinfonía:
"San Agustín escribió una historia de la humanidad en la que ésta aparece como una partitura musical en la que son posibles todas las disonancias y desafinaciones, pero que, a la postre, se resuelve en un final en el que todo encuentra su lugar adecuado.
En su magnífica obra, De musica, escribió que 'la disonancia puede ser redimida sin ser destruida'. La historia de la redención es como una gran sinfonía que abraza todos nuestros errores y equivocaciones, y en la que, al final, la belleza triunfa. La victoria no consiste en que Dios borre nuestras notas desafinadas o niegue su existencia, sino en que Él encuentra para ellas un sitio adecuado en la sinfonía musical que las redime".
Timothy Radclife.
"San Agustín escribió una historia de la humanidad en la que ésta aparece como una partitura musical en la que son posibles todas las disonancias y desafinaciones, pero que, a la postre, se resuelve en un final en el que todo encuentra su lugar adecuado.
En su magnífica obra, De musica, escribió que 'la disonancia puede ser redimida sin ser destruida'. La historia de la redención es como una gran sinfonía que abraza todos nuestros errores y equivocaciones, y en la que, al final, la belleza triunfa. La victoria no consiste en que Dios borre nuestras notas desafinadas o niegue su existencia, sino en que Él encuentra para ellas un sitio adecuado en la sinfonía musical que las redime".
Timothy Radclife.
Vivir musicalmente
La estética y la moral son inseparables. La vida no es verdaderamente bella si no es también amiga de la virtud, como recuerda este teólogo dominico citando al gran Agustín:
"San Agustín consideraba que vivir en la virtud era vivir musicalmente, estar en armonía. Amar al prójimo era, según decía, 'guardar el orden musical'. La gracia es gratuidad, y la vida que se vive en la gracia es bella".
Timothy Radclife.
"San Agustín consideraba que vivir en la virtud era vivir musicalmente, estar en armonía. Amar al prójimo era, según decía, 'guardar el orden musical'. La gracia es gratuidad, y la vida que se vive en la gracia es bella".
Timothy Radclife.
El lenguaje universal de la belleza
Esta noche he asistido a un precioso concierto de arpa y guitarra. Hago mías las palabras del Papa:
“Estoy convencido de que la música es verdaderamente el lenguaje universal de la belleza (…). Es capaz de unir entre sí a los hombres de buena voluntad en toda la Tierra y de llevarles a alzar la mirada hacia lo Alto para abrirse al Bien y a la Belleza absolutos, que tienen su manantial último en el mismo Dios. (…) Al echar un vistazo retrospectivo a mi vida, doy gracias a Dios por haberme puesto junto a la música, como una compañera de viaje, que siempre me ha ofrecido consuelo y alegría".
Benedicto XVI.
“Estoy convencido de que la música es verdaderamente el lenguaje universal de la belleza (…). Es capaz de unir entre sí a los hombres de buena voluntad en toda la Tierra y de llevarles a alzar la mirada hacia lo Alto para abrirse al Bien y a la Belleza absolutos, que tienen su manantial último en el mismo Dios. (…) Al echar un vistazo retrospectivo a mi vida, doy gracias a Dios por haberme puesto junto a la música, como una compañera de viaje, que siempre me ha ofrecido consuelo y alegría".
Benedicto XVI.
martes, 27 de enero de 2009
Guardini, maestro de vida
Romano Guardini (1885-1968) es uno de los autores que siempre me ha interesado. Teólogo católico alemán de ascendencia italiana, educador de jóvenes, amante de la liturgia y del arte, pensador, filósofo. Alfonso López Quintás le dedicó una biografía que merece la pena leer. Así describe el biógrafo el momento de la adhesión incondicional de Guardini a la fe y a la Iglesia católica:
"Lo que le impulsó a volver a la fe fue, sin duda, se adivinación de que en ella alienta una energía y una riqueza insospechadas. La verdadera llave de acceso a la fe fue para él en este momento la frase de Mateo 10,39: Quien quiera salvar su vida la perderá, quien la dé la salvará. Pero, dársela ¿a quién?"
Es ahora el propio Guardini el que habla, narrando el instante de su decisión, su respuesta a la pregunta ¿dar la vida, a quién?:
"No a 'Dios', simplemente, pues cuando el hombre pretende arreglárselas él solo con Dios dice 'Dios' pero en realidad está pensando en sí mismo. Tiene que haber una instancia objetiva que pueda sacar mi respuesta de los recovecos de mi autoafirmación. Pero sólo existe una instancia así: la Iglesia católica con su autoridad y precisión. Entonces sentí como si todo -realmente 'todo' mi ser- estuviese en mis manos, como en una balanza en equilibrio: puedo hacerla inclinarse hacia la derecha o hacia la izquierda. Puedo dar mi alma o conservarla... Y la hice inclinarse hacia la derecha. El momento fue completamente silencioso; no consistió ni en una sacudida ni en una iluminación, ni en ningún tipo de existencia extraordinaria. Fue simplemente que llegué a una convicción: 'es así', y después el movimiento imperceptiblemente dócil: ¡Así debe ser!".
Alfonso López Quintás, Romano Guardini. Maestro de vida, Palabra 1998, pp. 20-21.
"Lo que le impulsó a volver a la fe fue, sin duda, se adivinación de que en ella alienta una energía y una riqueza insospechadas. La verdadera llave de acceso a la fe fue para él en este momento la frase de Mateo 10,39: Quien quiera salvar su vida la perderá, quien la dé la salvará. Pero, dársela ¿a quién?"
Es ahora el propio Guardini el que habla, narrando el instante de su decisión, su respuesta a la pregunta ¿dar la vida, a quién?:
"No a 'Dios', simplemente, pues cuando el hombre pretende arreglárselas él solo con Dios dice 'Dios' pero en realidad está pensando en sí mismo. Tiene que haber una instancia objetiva que pueda sacar mi respuesta de los recovecos de mi autoafirmación. Pero sólo existe una instancia así: la Iglesia católica con su autoridad y precisión. Entonces sentí como si todo -realmente 'todo' mi ser- estuviese en mis manos, como en una balanza en equilibrio: puedo hacerla inclinarse hacia la derecha o hacia la izquierda. Puedo dar mi alma o conservarla... Y la hice inclinarse hacia la derecha. El momento fue completamente silencioso; no consistió ni en una sacudida ni en una iluminación, ni en ningún tipo de existencia extraordinaria. Fue simplemente que llegué a una convicción: 'es así', y después el movimiento imperceptiblemente dócil: ¡Así debe ser!".
Alfonso López Quintás, Romano Guardini. Maestro de vida, Palabra 1998, pp. 20-21.
El psicoanálisis y la gracia
El padre Cantalamessa, franciscano, predicador de la Casa Pontificia -es decir, del Papa-, denuncia el principal error del mundo moderno, en el que todos incurrimos cada día: creer que no necesitamos de la gracia. Pero todos los esfuerzos de nuestra voluntad, nuestros más profundos y elaborados análisis y proyectos, son inútiles sin el don que viene de lo alto. "Te basta mi gracia": hay que verificarlo.
"Los fundadores de religiones se han limitado a dar ejemplo, en cambio Cristo no sólo ha dado ejemplo sino que ha dado la gracia. [...]
La mayor herejía y estupidez del hombre moderno no creyente es pensar que puede prescindir de la gracia. [...] Es el pelagianismo radical de la mentalidad moderna.
Un caso típico lo constituye el psicoanálisis. Se cree que basta con ayudar al paciente a conocer y sacar a la luz de la razón las propias neurosis y complejos de culpa para curarlos, sin necesidad alguna de la gracia de lo alto que cure y renueve. El psicoanálisis es la confesión sin la gracia".
R. Cantalamessa, María, espejo de la Iglesia, Edicep, p. 27.
"Los fundadores de religiones se han limitado a dar ejemplo, en cambio Cristo no sólo ha dado ejemplo sino que ha dado la gracia. [...]
La mayor herejía y estupidez del hombre moderno no creyente es pensar que puede prescindir de la gracia. [...] Es el pelagianismo radical de la mentalidad moderna.
Un caso típico lo constituye el psicoanálisis. Se cree que basta con ayudar al paciente a conocer y sacar a la luz de la razón las propias neurosis y complejos de culpa para curarlos, sin necesidad alguna de la gracia de lo alto que cure y renueve. El psicoanálisis es la confesión sin la gracia".
R. Cantalamessa, María, espejo de la Iglesia, Edicep, p. 27.
lunes, 26 de enero de 2009
Lo que hace santo al hombre
A vueltas con la conversión y la santidad. ¡Qué consuelo lo que nos recuerda el teólogo Ratzinger!:
"No es un salto mortal en el heroísmo lo que hace santo al hombre, sino el humilde y paciente camino con Jesús, paso a paso. La santidad no consiste en aventurados actos de virtud, sino en amar junto a Él. Por eso los santos verdaderos son hombres completamente humanos y naturales, seres en quienes lo humano, mediante la transformación y purificación pascual, llega a la luz en toda su original belleza".
J. Ratzinger, Mirar a Cristo, Edicep 2005, p. 108.
"No es un salto mortal en el heroísmo lo que hace santo al hombre, sino el humilde y paciente camino con Jesús, paso a paso. La santidad no consiste en aventurados actos de virtud, sino en amar junto a Él. Por eso los santos verdaderos son hombres completamente humanos y naturales, seres en quienes lo humano, mediante la transformación y purificación pascual, llega a la luz en toda su original belleza".
J. Ratzinger, Mirar a Cristo, Edicep 2005, p. 108.
domingo, 25 de enero de 2009
La gran conversión: la fe
Conversión de San Pablo. Mi conversión. Dice Ratzinger:
"La vida del bautizado es un proceso de redención en el que nos dejamos acompañar, llevar y guiar o que nos negamos a aceptar. Es importante no perder de vista la meta, reorientarse hacia ella cuando hemos sufrido un patinazo o nos hemos descarriado. Es importante aceptar de continuo el perdón, al tiempo que aprendemos la responsabilidad del perdón.
La gran conversión, es decir, la fe, se compone de muchas conversiones pequeñas. En ese contexto debemos conservar siempre en el corazón el dicho de San Benito, que expresa en católico la experiencia de la Reforma: Et de Dei misericordia nunquam desperare (no desesperar nunca de la misericordia de Dios) (Regula IV, 74)."
J. Ratzinger, ¿Hasta dónde llega el consenso sobre la doctrina de la justificación?, Communio nº 1, 2001.
"La vida del bautizado es un proceso de redención en el que nos dejamos acompañar, llevar y guiar o que nos negamos a aceptar. Es importante no perder de vista la meta, reorientarse hacia ella cuando hemos sufrido un patinazo o nos hemos descarriado. Es importante aceptar de continuo el perdón, al tiempo que aprendemos la responsabilidad del perdón.
La gran conversión, es decir, la fe, se compone de muchas conversiones pequeñas. En ese contexto debemos conservar siempre en el corazón el dicho de San Benito, que expresa en católico la experiencia de la Reforma: Et de Dei misericordia nunquam desperare (no desesperar nunca de la misericordia de Dios) (Regula IV, 74)."
J. Ratzinger, ¿Hasta dónde llega el consenso sobre la doctrina de la justificación?, Communio nº 1, 2001.
Saulo de Tarso
Hoy, domingo 25 de enero, hemos celebrado la Conversión del Apóstol San Pablo. El Año Jubilar Paulino conmemora los 2000 años de su nacimiento. Pero Saulo de Tarso nació en el camino de Damasco, cuando fue alcanzado, invadido por la presencia de Jesús resucitado. Después vendrían otros encuentros, consecuencia y desarrollo de éste: Ananías, Bernabé, Santiago, Pedro... La carne de Cristo. "¿Por qué me persigues?". Dice el Papa:
"Quisiera recordar, en segundo lugar, las palabras que Cristo resucitado le dirigió en el camino de Damasco. Primero el Señor le dice: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Ante la pregunta: ¿Quién eres, Señor?, recibe como respuesta: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Hch 9, 4 s). Persiguiendo a la Iglesia, Pablo perseguía a Jesús mismo. Tú me persigues. Jesús se identifica con la Iglesia en un solo sujeto.
En el fondo, en esta exclamación del Resucitado, que transformó la vida de Saulo, se halla contenida toda la doctrina sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Cristo no se retiró al cielo, dejando en la tierra una multitud de seguidores que llevan adelante "su causa". La Iglesia no es una asociación que quiere promover cierta causa. En ella no se trata de una causa. En ella se trata de la persona de Jesucristo, que también como Resucitado sigue siendo "carne". Tiene carne y huesos (Lc 24, 39), como afirma en el evangelio de san Lucas el Resucitado ante los discípulos que creían que era un espíritu. Tiene un cuerpo".
Benedicto XVI, Homilía en las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, 28 junio 2008.
"Quisiera recordar, en segundo lugar, las palabras que Cristo resucitado le dirigió en el camino de Damasco. Primero el Señor le dice: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Ante la pregunta: ¿Quién eres, Señor?, recibe como respuesta: Yo soy Jesús, a quien tú persigues (Hch 9, 4 s). Persiguiendo a la Iglesia, Pablo perseguía a Jesús mismo. Tú me persigues. Jesús se identifica con la Iglesia en un solo sujeto.
En el fondo, en esta exclamación del Resucitado, que transformó la vida de Saulo, se halla contenida toda la doctrina sobre la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Cristo no se retiró al cielo, dejando en la tierra una multitud de seguidores que llevan adelante "su causa". La Iglesia no es una asociación que quiere promover cierta causa. En ella no se trata de una causa. En ella se trata de la persona de Jesucristo, que también como Resucitado sigue siendo "carne". Tiene carne y huesos (Lc 24, 39), como afirma en el evangelio de san Lucas el Resucitado ante los discípulos que creían que era un espíritu. Tiene un cuerpo".
Benedicto XVI, Homilía en las Primeras Vísperas de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, 28 junio 2008.
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